Curiosidad
Tengo que pelear
contra la curiosidad, pero no puedo, mis impulsos por enterarme de las cosas
que suceden y del porqué de estas pueden más que yo. Sé que ya no soy tan
curioso como lo era antes, eso sí es una buena noticia para mí; pero sé que hay
costumbres que uno no las pierde del todo, de eso estoy convencido y lo acepto.
Hace unos días, en casa, entre a la habitación de mi hermana para utilizar uno de
sus ungüentos para aliviar la congestión nasal de la que padecía producto de un
gripe pues no paraba de estornudar y expulsar flema verde. Al abrir el cajón de
su cómoda para buscar entre muchas cremas, prendí sin querer su cámara fotográfica;
lo supe porque sentí el ruido característico de activación de esta, por lo que
la saque entonces de su cubierta para apagarla. Estaba en estado de revisión de
fotos, no pude con mi genio y decidí ver que había ahí: aparecían fotos de ella
paseándose en un parque con un muchacho al que aún no conocíamos en casa, en ese
entonces, y que probablemente sea su enamorado. Debí detener ahí mis ánimos de
saber todo, pero no fue así y decidí revisar otras fotos: habían muchas más de
ella paseándose con él. Me quede pensando es que mis padres y yo deberíamos
saber más de él, de cuáles son sus intenciones, de lo más resaltante de su vida
y, sobre todo, que él también sepa de la presencia de nosotros por si es que no
tendría la intención de jugarle limpio a ella. Sé que podía
estar en un error, que puedo estar desconfiando de él sin conocerlo bien, pero
creía que debía ver todas las fotografías. En realidad, no había mucho que
temer porque mi hermana es una persona inteligente y lo suficientemente madura
como para haber escogido a un buen hombre. Pero siento que es mi deber querer saber él, de ver
la manera de enterarme más de su vida, ya que no puedo contarles nada a papa y
mama porque sé que mi hermana quizá aun no está segura de formalizar una
relación, por lo cual prefiere aun no traerlo a casa para que lo
conozcamos. Como pude revisar sus fotos? Era una pregunta que me sigue dando
hasta ahora vueltas en la mente. Esta actitud es condenable, del cual nadie
debe ser víctima, ni menos una persona tan cercana a mí como lo es ella. ¡Debo de
dejar de ser curioso! No justifico mi actitud, pero creo que si así sucedieron las
cosas, seria por algo. Aunque ella no me comente nada sobre esa relación,
estaré pendiente de todo para que no esté expuesta a ninguna persona que trate
de hacerle daño.
No siento mis labios
Hace casi 2
semanas que sentía un dolor inmenso alrededor de una de mis muelas. Creí que
era un problema en las encías porque me tocaba ahí con el cepillo y empezaba el
dolor. Deje pasar los días, me auto- medique, pero el dolor seguía siendo
insoportable. Empecé a sospechar que de repente era una muela que estaba por
curar, aunque aparentemente no la veía picada .No me quedaba otra alternativa que
ir al dentista; sabía que eso me iba a costar tiempo, dolor y dinero, pero debía resignarme a esperar
largas horas sentado en un sofá para ser atendido por el especialista y poner
fin, así, a este dolor. Después de dos largas horas de esperar por mi turno,
entre rápido para que me indique cual era el problema, el porqué de mi dolor y
que me dé la solución a esto. El Dentista me hizo una revisión y me dijo que
debía sacarme unas placas porque a simple vista no veía ninguna caries. Luego
de que me hicieran los estudios que el indico, volví con los resultados y el verifico que era una caries interna que ya
estaba muy profunda, por lo cual debía empezar con la curación en ese mismo
momento y que serían varias sesiones. Para empezar, me aplico una anestesia
local para evitar que sienta dolor. Lo bueno era que no iba a ser necesario que
extraiga la pieza, algo gane o mejor dicho, algo no perdí. Mientras empezaba la curación, me dijo que la
muela estaba muy afectada, que era una curación muy larga, que era mucho tiempo
para que yo soportara el dolor con esa pequeña dosis que me había aplicado del
calmante. Era necesario aplicar una dosis más de la anestesia; dude de eso,
pero a la primera limpieza que me hizo sentí el dolor y comprendí que su sugerencia
no era una mera exageración y acepte dicha inyección. Con la primera dosis ya sentía adormecidos mis
labios y mis encías también. Con la segunda ya no sentía parte de mi rostro.
Casi después de una hora termino la curación y los
efectos de la anestesia aun continuaban: “no podía hablar o si lo hacía sentía
que no era dueño del movimiento de mis labios”. El doctor me indico que no
comiera hasta que pasen los efectos de la anestesia y me dejo ir en paz. Caminando
hacia casa vi a dos hermosas chicas que venían en sentido contrario por la
vereda, quise enamorarlas, piropearlas y abrazarlas porque ambas eran ‘muy
bonitas’. ¡Que linda es la vida! , me dije a mi mismo. Cuando empecé a
piropearlas y a silbarlas, mis silbidos salían distorsionados; ellas me miraban
extrañadas, de seguro pensarían que era muy tímido y que su belleza me puso
nervioso, por lo cual balbuceaba cuando también les dije ‘hola’. No podía mover
mis labios, que me pasaba, eran los efectos de esa maldita anestesia. Ellas se
alejaron de mí de una forma evidente, pues cruzaron hacia la otra acera. Las
veía asustadas, de seguro pensarían que era un enfermo, una acosador. Esa
bendita o maldita inyección -depende del momento- había apaciguado mi dolor,
pero me había dejado incapaz de articular mi boca justo cuando más lo
necesitaba. Como me sentía que ya no estaba operativo para enamorar a alguien y
menos para que me vieran así, decidí tomar un atajo para llegar más rápido a
casa. Caminando por una estrecha y poca concurrida calle vi a los lejos que
venia mi vecina, aquella chica que me gustaba desde hace muchos años, desde
aquella época cuando yo andaba en la secundaria y ella en el último año de la
primaria. Manteníamos una relación cordial de saludarnos, andábamos no bien del
todo porque mis constantes insistencias por querer ser algo más que un vecino y
amigo de ella habían creado cierta distancia de su parte .Sin embargo, yo
siempre estoy dispuesto a buscar una oportunidad, un momento como este para ir
otra vez a la caza de aquella bella chica. Mi plan era saludarla y preguntarle donde iba.
Había olvidado que mis labios no respondían, luego lo recordé, pero igual hice
el intento. No me salían palabras y ella se pasó de largo. Me vio pero no le
importo mi presencia. No quise darme por vencido, la seguí unos metros y me
decidí el gritarle que me gustaba para
acercarme y besarla, pero mis labios otra vez no respondían. Me sentía disminuido.
Me di cuenta que la anestesia me jugó una mala pasada, que el destino no quería
que tenga la oportunidad que toda la vida había querido tener con ella. En fin,
así es la ciencia y así funciona la medicina.
Extraña conversación con una
buena amiga
Siempre
suelo llamar a una buena amiga, a quien conocí en una de las tantas ciudades
donde he vivido en estos últimos años. También es una buena Dentista y
trabajaba en un hospital principal de la ciudad en la ciudad donde vive ahora;
por lo cual nuestras conversaciones, inicialmente, siempre fueron netamente
profesionales. Un día de lo más natural
nos volvimos amigos. No sé en realidad por qué nunca la corteje para terminar
pidiéndole que sea mi enamorada, o al menos intentarlo. Esto siempre lo lamento.
En fin, nuestra confianza continúa hasta el día de hoy. En esta última
conversación telefónica que tuvimos, empezamos hablando de tantas cosas sin
dejarle de contar mi largo y doloroso tratamiento de aquella muela atacada por
la caries. Como siempre lo hago todas las veces en que hablamos por teléfono,
hice el intento por conversar de algo más con ella y escuche sus carcajadas al
otro lado del teléfono por cada una de mis ocurrencias. Le pregunte del por qué
está sola, del por qué aún no tiene enmaromado; pues ella siempre me había
dicho que no tenia pareja. Quería conocer los motivos, quizá para saber a qué
atenerme si intentaba contarle lo que sentía por ella. Me respondió que por el trabajo
no podía tener pareja, que las únicas dos veces que había estado con alguien
término con ellos por los constantes viajes que ella realizaba. Le dije que
intente ser feliz, que no era bueno que ande sin alguien a su costado, que yo
también andaba viajando mucho y que por eso podía ser más comprensivo en este
tipo de relaciones. Entre carcajadas, por ambos lados del teléfono, me di
cuenta que más directo no pude ser, que las cartas estaban echadas sobre la
mesa y que de ella dependía todo lo demás. Enseguida me pregunto
si yo había tenido alguna pareja cuando ambos vivíamos en aquella ciudad donde
nos conocimos. Mi respuesta fue un contundente ‘no’. Era una verdadera
respuesta, nunca estuve con alguien por allá, y si alguien me intereso, por
cosas del destino, jamás se dio la oportunidad para comprometerme- le dije- Sin
embargo, ella no me lo creyó y yo insistí que era así y que no tenía porque
mentirle. Entre tanta risa me pregunto si había tenido una aventura, si había
pecado por allá. Sentí que sabía algo de mí, que los rumores en esa pequeña
cuidad habían corrido a la misma velocidad del viento. Pero me sorprendió aún más
su otra pregunta pues simplemente me dejo sin respuesta. Me pregunto
si había tenido relaciones sexuales allá. A pesar que dude en contarle la
verdad, al final le dije que no. Hubo un silencio, luego me preguntó ¿por qué?
No supe que decirle, capaz en vez de verme como un hombre respetuoso, ahora me
veía como un tonto que no aprovecho la oportunidad
de hacerlo con tantas chicas lindas que vivían en el mismo edificio que yo. ¿Era un cuestionamiento a mi virilidad ?, ¿una
pequeña ofensa a mi persona? O mejor
dicho, ¿un posible ataque psicológico para no seguir llamándola? Cuando pensé
que lo peor había pasado, concluyo con una pregunta más directa: ¿Eres casto? Yo
en ese momento ejecute una rápida respuesta: “no, como crees, soy un hombre muy
experimentado en eso”. Ambos sonreíamos, aunque en el fondo yo no estaba
contento del todo con sus preguntas indiscretas, pero pensé que no era la
ocasión para preguntarle algo parecido. También estaba seguro que ella no
estaba muy convencida de todo lo que le respondí. En ese momento me dijo que había
llegado un paciente a atenderse, que la vuelva llamar, fue así que nos
despedimos.
El año que
paso me llamo para invitarme a su matrimonio. Debía de viajar a su ciudad
natal, ahí se realizaría la ceremonia. Por cuestiones de trabajo no pude
asistir, pues no pude viajar para esa fecha. Sé que es muy feliz y eso me
alegra mucho.
Papa quiere lo mejor para mi
No hay duda
de que en mi vida han existido dos mujeres, de las cuales me he enamorado profundamente
y con quienes me he visto casado en un sueño. Ellas han sido Myrian y Karol, ambas
poseedoras de una belleza natural, una con una gran personalidad y mucha nobleza;
cosas que me llamaron la atención desde el primer momento en que las conocí.Papa
las conoció a ambas por fotos y le parecieron dos mujeres en todo el sentido de
la palabra. Generalmente nunca suelo hablar con él de
esas cosas; a veces porque uno se enamora de tantas personas que no sabe cuál
es el sentimiento verdadero, cuál es la ilusión, ni mucho menos al lado de
quien se quedara para siempre. Otras
veces porque me siento avergonzado, como cuando era niño y no quería evidenciar
que alguien me gustaba. A papa le comente, en su momento, que tenía como
enamorada a Karol, me falto palabras para decirle lo maravillosa que era ella
para mí. Él sabía que yo había escogido a una gran persona para con quien vivir
mi vida. Luego se la mostré por foto y lo vi tan contento, tan tranquilo por mí
que no le pude contar, meses después, que habíamos discutido y que ya no
estábamos juntos.
Igualmente,
hace casi un año conocí a otra mujer maravillosa; una chica que me impacto
desde el primer día que la vi, sin embargo jamás imagine que un día llegaría a
estar locamente enamorado de ella. Estaba tan interesado en ella que me propuse
enamorarla, conquistarla para llevarla al altar y formar una familia. Como era
la mujer a la cual considerada ‘la mujer de mi vida’, otra vez le pedí consejos
a papa para conquistarla, de cómo conseguir esa confianza para poder declararle
mi amor. Papa tenía referencias de ella, no la conocía porque ella vivía en
otra ciudad al igual que yo por esa época, pero siempre que venía de visita a
casa le mostraba fotos de ella junto a mí. Otra vez vi la felicidad en el
rostro de papa pues él siempre ha querido que yo encuentre a la mujer de mi
vida. Yo sentía que ella era la mujer con quien quiera estar toda mi vida y el
entusiasmo de papa afirmaba todo lo que pensaba. Lamentablemente, ella no lo
quería así. Empezamos un juego de tira y afloja, pero siempre ella enfatizando
que no quería nada conmigo. Yo furioso una vez decidí alejarme de ella del
todo, no volverme a llamarla. Por esos días coincidió que por trabajo tuve que
cambiar de ciudad de residencia. Estando en la nueva ciudad, recibí un par de
llamadas telefónicas de ella y decidí no responderlas. Nunca supe que es lo que
quería. De repente y también había empezado a sentir algo por mí y quizá mi
amor seria correspondido. Recuerdo que pasaron unos días y otra vez recibí una
llamada telefónica de ella. Mortificado por unos problemas de trabajo que tuve,
le escribí un mensaje a su teléfono móvil diciéndole: “no me molestes, no quiero hablar
contigo y todo sentimiento que tenía hacia ti, ya no lo tengo”
En la Navidad de aquel año, recibí un e-mail
de Karol, mi primera enamorada, con quien había terminado discutiendo, y debo
de reconocer yo incriminándoles tantas cosas y alzándole la voz. Bueno, en este
‘e-mail’ me mandaba saludos y frases amicales. Parecía que deseaba que
volviéramos a restablecer comunicación. No sé si porque se sentía culpable por
nuestro alejamiento o porque sentía aun algo por mi .Esa vez no sé qué me
sucedió, debe ser por el rencor de lo que me hizo, que le respondí: “no me
interesa como la estés pasando. No quiero saber nada de ti. Seguiré obviando
tus ‘e-malis’ porque te portaste mal y no voy a volver a escribirte” Una vez
cuando estaba cenando con mis padres en una de mis visitas a Lima, aprovechando
que mama se fue a la cocina, le conté a papa
de ambos casos y como yo cortado toda comunicación con ellas. No pensé que le
afectaría todo eso a papa, pero fue así: él se sintió mal, creo le subió la
presión arterial y se paró de la mesa y se sentó en el sillón de la sala. Me
miraba de reojo y mama sin comprender nada pensó que seguro todo eso había sido
por el exceso de sal en la ensalada de pepino que había preparado. Me sentí mal
por papa, no pensé que iba a reaccionar así. El creía que yo había cometido la burrada más
grande de mi vida. No podía imaginar que con ambas chicas había tenido una mala
actitud, algo que recién hoy lo reconozco. Papa sabía que las había perdido
para siempre, y la verdad fue así: ninguna de ellas me volvió a escribir. Hasta
el día de hoy no sé nada de ellas.
Me voy a morir
Le he
tenido temor a la anestesia, así sea de tipo local y no general. Cada vez que me
realizaron una operación quirúrgica les rezaba a todos los Santos para que no
me cause ningún efecto negativo a mi organismo. Hace unos días, otra vez me he
topado con doña Anestesia. Aunque esta vez solo era para que el dentista me
realice unos simples trabajos, por lo cual fue de tipo local, igual me sentí
nervioso y temí lo peor. Regrese a casa,
luego de la curación, con la tranquilidad que no habría ningún efecto
secundario, pero me equivoque. Seguí las indicaciones de no comer nada hasta 3
horas luego de la curación. Luego de este tiempo quise realizar mis actividades
normales, y fue ahí cuando comprobé que mi rostro y mis labios los seguía sintiendo
adormecidos, esto me asusto. Sin embargo, en unas horas más ya no sentía mis
labios y lengua. Al día siguiente y a pesar de que habían pasado más de 12
horas de que me la aplicaron, aun sentía adormecida mi boca. A pesar de todo,
como cada mañana, salí a trotar, pero irresponsablemente termine corriendo y
esforzándome como si debía de prepararme para una competencia de alto
rendimiento físico. Cierta imprudencia de exigir al máximo mi cuerpo al correr,
estando aun recuperándome de la anestesia, me facturo muy caro pues me empecé a
sentir cansado y tuve que sentarme en una banca del parque. Cuando sentí que
estaba mejor, enrumbe a casa con la esperanza de recuperarme del todo ahí. Llegue
y no le dije nada a mama para no preocuparla, pero busque en el directorio
telefónico de casa todos los números de emergencia de las clínicas más cercanas
.No quería alarmarme, pero me ponía nervioso al sentir cierto malestar en mi
cuerpo. Me senté frente a la computadora a terminar de hacer algunas cosas
pendientes, cuando me sentí desvanecer y pensaba que podría sufrir un paro
cardiaco. En esos minutos, mientras trabajaba, me puse a pensar que aun me
sigue atemorizando - como a todos, creo-, la muerte y el no estar preparado
para ella. Siempre hay cosas pendientes que uno tiene por hacer. Por lo menos,
yo quería y quiero permanecer en la tierra muchos años más. Creo en el destino
y en los designios de Dios, dudando si son lo mismo, por lo que aun espero que
la vida me muestre muchas cosas sin dejar de pensar que nadie es eterno. En ese
momento de desesperación por no saber qué hacer ante la posible presencia de la
muerte: “si esperar a que todo esos síntomas me pasen o ir rápidamente a una
clínica a que me salven la vida”, pensé que estuve y estoy bendecido por Dios pues
cuento con parte la gente que me rodea, sobre todo mis padres y hermana, además
que nunca he sufrido un grave accidente o padecido una enfermedad.Por tanto ya
había tenido la dicha de vivir la vida y si había algo pendiente pues estaba
escrito que no lo iba a realizar. Fue en ese momento que me sentí mejor y
decidí recostarme en mi cama para descansar un poco. Asustado por haberme
topado con la muerte, pensé en los últimos errores que había cometido, en mi
conductas no tan santas que he tenido, como todos, y en las oportunidades que
nos las aproveche. Sentí que el ser curioso, por haber visto las fotos de la
cámara de mi hermana, no era aceptable por ningún motivo, y más que todo que yo
sé con seguridad que cuando ando de viaje, algunas veces hasta meses fuera de
casa, mi hermana nunca entra a mi habitación pues respeta mi privacidad. Igualmente,
no pude dejar de pensar en mi vecina, aquella bella chica, como lo describía anteriormente,
que me empezó a gustar desde que ambos éramos estudiantes del colegio. Ella
siempre fue sincera conmigo, en todo momento me recalco que tenía enamorado,
hoy ya novio, que ese amor entre ambos era muy fuerte. Entonces, yo fui
culpable por seguir insistiéndole.
No podía
dejar de pensar en Karol y en Myriam. Sobre todo en Karol pues fuimos amigos,
luego enamorados y Dios quiso que no seamos nada más. Aunque nunca supe del por
qué me llamo, si la amaba debí contestar el teléfono. De Myriam no puedo decir
lo mismo, pero me quede con la duda del por qué también me llamo. Me deje ganar
pro el rencor y el deseo de revancha. Solo me quedaba pensar en el rostro
triste de papa al enterarse de todo el arrebato que cometí con ambas.
Sobre la
Dentista y sus preguntas inoportunas- según yo-, no puedo decir mucho más que
si alguien está interesado en alguien y ve que esa persona esta llana a
conversar, a reírse de las bromas que
uno le gasta, es la hora de ser mas sinceros. No dar vueltas en lo mismo de
solo llamarse por ser amigos. Quizá esa molestia la llevo a pensar que solo yo
servía para llamar por teléfono, enamorar, pero nada más.
El sentirte
que estas cerca de la muerte tienen el poder que en pocos minutos puedes
recordar toda tu vida y no puedes evitar de pensar en lo que no hiciste bien.
Felizmente, luego del reposo me sentí mucho mejor y para no alarmar a papa y
mama salí de casa diciendo que iba a
hacer un trámite y me fui a una clínica cerca de casa. Luego de algunos
chequeos, me dijeron que todo estaba bien. Que a veces el efecto de la
anestesia demoraba días en pasar, que no todos reaccionan de la misma manera y
lo mejor es no realizar muchas actividades físicas hasta que sienta mi
organismo del todo bien. No morí, estoy vivo. Sé que la muerte te toca en el momento
menos pensado, salvo que sufras una enfermedad, y por eso es necesario estar
bien con todos a quienes amamos, estimamos e inclusive con los que están a
nuestro alrededor y son personas pasajeras en nuestra vida.
pAnChItO