miércoles, 21 de septiembre de 2016

FELIZ CUMPLEAÑOS,PAPA!!

Papa  cumple años. Él ya se acerca a los 80 años. Que rápido se ha pasado el tiempo! A pesar de  que cuando mi hermana y yo nacimos, el ya estaba en  la mitad de los 40’s, nunca lo notamos mayor, salvo aquella vez cuando empezó a sufrir del corazón y sufrio un infarto. Sin embargo, tenemos la suerte de tenerlo con nosotros y que aun luzca lucido y en líneas generales, bien de salud.
Hace 5 años, para el Día del Padre, decidimos regalarle una PC y enseñarle a navegar por el internet. Al principio no quería hacerlo, le parecía complicado; sin embargo, lo hizo, y hoy ya es una costumbre en él  el leer diarios nacionales e internacionales, el ver documentales sobre Historia Universal  por  canales de Youtube, y el leer sobre medicina. Hace un par de meses, mientras yo estaba fuera, mi hermana le creo una cuenta de Facebook, y una vez me sorprendía a mí, cuando me encontraba en  una ciudad lejana trabajando, pues  recibí una notificación que Papa quería agregarme a su lista de amigos. Me alegre mucho  y lo agregue. A  pesar que el aún está empezando en esto y no publica nada, lee mucho de un grupo al que sigue, y  que se ha sido creado por todos los miembros  del barrio donde nació y vivió hasta el día en que se casó. Hace unas semanas que llegue a Lima entre a la computadora de Papa y me percate que el Facebook se abría automáticamente, por lo que decidí-aunque indebidamente- responder a los saludos que le hacían algunos amigos ,que estaban agregados a su lista, y también  comente algunas fotos que publicaban familiares. Pero esta vez con motivo de su cumpleaños, y ya enterado de  que yo de cierta manera  lo representaba en el ‘Face’, me pidió que escriba en su muro agradeciéndoles a todos por los saludos que le han hecho. Lo hice, pero  también se me ocurrió el escribir algo que papa  me trasmite últimamente en las largas conversaciones que tenemos. He llegado a Lima, ya hace un mes, y he tenido la oportunidad de encontrar a papa con una nueva visión de la vida. Si bien, él siempre fue un hombre que supo mirar la vida de la manera correcta y transitar por esta de la misma manera, ahora noto en el  más  tranquilidad, quizá la que le han dado los años, y por eso escribí esto en su muro que si bien ha sido redactado por mí, es el pensamiento netamente de papa; pues a mí nunca se me hubiera podido ocurrir un mensaje  lleno de tanta verdad.

Como un hijo orgulloso de él, y sabiendo que muchos de ustedes, lectores, no están en su lista de amigos, he decidió el trascribir este aquí en mi columna  y decir con mucha alegría: Feliz día, papa!

"Hace 30 años, cuando estaba a punto de cumplir los 50 años, me decía a mí mismo: “ya estoy viejo”. Hoy que ya estoy cerca de llegar a los 80 años, me he puesto a reflexionar y – a pesar que soy consciente de los años- trato de vivir cada momento disfrutándolo y haciendo lo que me hace sentir bien. He vivido preocupado por tantas cosas, y tampoco es que hoy me he dejado de preocupar  por  otras, pero  el largo recorrido de la vida me ha enseñado que a veces las cosas van cayendo por su propio peso, por lo que  hay que tomar las cosas con calma. Sé  que tengo más pasado que futuro, por tanto organizo mi tiempo para hacer las cosas que deseo hacer. No quiero parecer presumido, pero agradezco a Dios porque a esta edad  -a  pesar  de los achaques propios de la edad-  me veo  y me siento bien a comparación de otras personas contemporáneas conmigo. He  aprendido a  encender la computadora,  al conectarme a la Internet y el abrir varias ventanas para navegar. Hago lo básico; pero para mí eso es bastante, y me siento feliz. Ahora he dejado el mal humor. Hoy sonrió por  todo, e incluso de mí mismo. A  veces amanezco molesto y luego en mi habitación me encuentro con un espejo y suelto una carcajada diciéndome: “que cojudo que soy por amargarme  por nada”, y salgo de ahí  con una sonrisa que me dura hasta el final  del día. Debo de reconocer en mi  esposa, la mujer que es mi  soporte, quien me ha dado una familia y me conoce tan bien en estos 48 años de relación, por lo  cual  me sabe comprender. En conclusión, no importa la edad que tengas, pues esta solo  marca el ritmo de tu cuerpo, pero nunca podrá hacerlo con tu ánimo. No te preocupes porque te  falte poco para llegar a cierta edad. Vive el momento, ya que nadie tiene la vida segura! Recuerda que no  somos Matusalén!"



pAnChItO.

jueves, 1 de septiembre de 2016

SENTIRNOS FELICES

Cuando estás cansado de pelear en batallas, en las cuales nunca has sido  ganador, y te das cuenta que nunca lo serás. Cuando te sientes cansado de seguir esforzándote por querer conquistar a esa chica que a diario te dice que no, o te lo demuestra de muchas formas, y sabes  que nunca cambiara su opinión de no querer el  iniciar una relación contigo. Cuando solo quieres preocuparte de los tuyos y de ti mismo, sin pensar en nadie más, porque llegas a comprender y a aceptar que nadie se preocupa por ti. Todo eso se resume a que ya no quieres seguir siendo el mismo que has sido casi durante toda la vida.  Ya no quieres ser ese hombre que esperaba  por el amor, pues  hoy ya estás  cansado de haberlo ido a buscar por tanto tiempo. Hoy estás dispuesto  a dejar de lado aquellas  pequeñas esperanzas, para no hacerlas más  el motor de tu vida; pues ya sabes que  un día te dolerá el golpe de la decepción al saber que nunca conseguirás a aquella chica, de la cual siempre has vivido ilusionado. Soñar con lo que nunca sucederá puede ser alentador en algún momento de nuestras vidas, pero el hacerlo un hábito  y la razón de nuestra existencia, es dañino. Ha llegado el momento de renunciar a muchas cosas, pero siempre asoma el temor a quedarnos solos; pero tampoco quiero  seguir haciéndole pelea al destino, pues él hasta el día de hoy me ha demostrado que debo de estar solo, y si es así, por algo será. He llegado a una edad en mi vida que ya no deseo que todos mis esfuerzos que haga sean en vano. Hoy quiero guardar fuerzas para las verdaderas cosas importantes de la vida, como- si Dios quiera- cuando  yo sea un padre de familia y tenga bajo mi responsabilidad a pequeñas vidas, que a la larga serán el motivo de poder estar feliz cada día, si es que existiera ese término. Entrando a ese tema, hace un par de domingos fue la celebración del  Día del Niño, y yo  miraba, mientras salía a tomar un poco de  aire fresco, caminando por la avenida principal del distrito, que muchos  padres de familia se alborotaban   junto a sus pequeños  hijos, y otros ya no tanto,  a hacer compras por ese día: le compraban juguetes, los llevaban a los juegos mecánicos, y luego a restaurantes para celebrar como se debe su día. Yo me  tope por causalidad con un ex-compañero del colegio, todo un señor padre de familia, y con un hogar ya hecho. Fue una alegría el haberlo visto después de tanto tiempo; se le  veía igual, no había cambiado tanto después de  12 años que lo vi por última vez, pero estaba más contento que nunca: pues acababa de nacer su segundo hijo, era varón, y como ya tenía una hija mujer, tenía la pareja; algo que muchas veces las abuelas y madres siempre decían que era la  bendición para un matrimonio. Me presento a su esposa y sus dos hijos. Los felicite, vi en ellos una familia que estaba feliz. Fue cuando pensé que al igual que él, muchos de  mis ex-compañeros de estudios ya eran padres de familia, e incluso, muchos de ellos tenían hijos ya terminando la primaria, y yo aun nada. Entonces, volvían a mí  las  ganas de buscar a la chica que me gusta, y de  volver a  tratar de conquistarla y pedirle matrimonio para así  ser felices y tener hijos.
De seguro y todo era  producto, una vez más, de mi imaginación, pero  era una locura que nacía en mí y me desnudaba por completo ante mí mismo, demostrándome que yo si quería tener una familia, que no quería andar solo por el mundo y que, sobre todo, tenía ganas de tener criaturas junto a mí y verlos crecer y guiarlos equivocándome  en el camino de la vida y  junto a ellos el  aprender a rectificar los errores. La chica ideal, con la que siempre había soñado, apareció en mi vida  hace un par de meses, y ya  da vueltas por mi mente, algo que también sucedió con otras. Desde que la vi por primera vez, me quede impresionado y -aunque parezca algo que lo he dicho tantas veces- vi en sus ojos que era la persona con quien quería estar toda mi vida y formar una familia; aunque dicha Srta. no me hace caso, y me vuelvo a encontrar en aquel pasillo de espera, de incertidumbre, en aquel lugar conocido, donde he perdido tanto tiempo, y esta vez debo de poner toda mi fuerza de voluntad por no estar más ahí. No se trata de huir, de no querer luchar por el amor; se trata de ser realistas, de aceptar las cosas como son y no envejecer esperando a que alguien se convenza de algo de  que nunca se  convencerá. Quiero ser joven, y la juventud se basa en hacer cosas nuevas, en no vivir del pasado ni esperar a alguien, para poder construir momentos  que te hagan sentirte feliz. Saldré en este mismo instante de aquel pasillo, ya no esperare por nadie. Que aparezcan nuevas personas en mi vida, que por ahí haya alguien que el destino y los designios de Dios hagan que se pegue a mí y yo a ella para pasearnos juntos y así el descubrir  que debemos escribir nuestra propia historia. El día a día trae consigo nuevos retos: esta vez me toca escapar de aquel lugar de los  esperanzados, para  llegar al lugar de las realidades pero de libertades, también; porque solo eres libre cuando no vives esperanzado a alguien, y cuando compruebas que con quienes están a tu lados en el momento es que  puedes sentirte feliz y puedes ingeniártelas para que esos momentos se alarguen por toda muchos días más. Nunca puedes planear el estar feliz, ni menos con personas que aún no están a tu lado y posiblemente no lo estén.
Esta columna la escribí pensando en mí, luego decidí que podría quedar en el archivo, pero al final sentí que esta historia podían estar viviéndola muchas personas, y decidí publicarla.
En conclusión: “nos merecemos estar felices”


pAnChItO.



miércoles, 10 de agosto de 2016

REFLEXIONES DE ALGO DE MAS DE MITAD DE AÑO

Me he preparado toda la vida para ser la luz del Sol, para cuando este no aparezca. Para ser la luz de la Luna, para cuando esta nos abandone alguna noche. He ensayado ya miles de veces, en tantos años, para llevar un día en mi hombro su maleta o bolso, mientras paseamos o la acompaño  de regreso a su casa. He escrito tantas frases que ya llegan a estar escritas  en un  millar de papel, expresándole la felicidad que tengo al saber que existe y que nos estamos conociendo. He guardado tantas monedas en mi alcancía, como para comprarle un regalo especial  para el día en que  le pida que sea mi esposa. No he dormido un solo instante, la noche anterior en que hemos quedado en salir al cine, luego a comer y a pasear. He preparado el discurso que le daré a papa y a mama para presentarla a ella  como el amor de mi vida. También, he llorado muchas veces al saber que quien pensaba que era la persona que estaba esperando, ya tenía pareja y a lo mucho me veía como un amigo. Cuanta decepción me ha cubierto cuando comprobaba que confundía entre tantos bellos rostro su imagen, que nunca la he visto, pero que creo podre reconocerla, así siempre ella sea la chica invisible, la del sueño que soñé.

Me he envejecido pensando que la chica ideal ya está aquí o está cerca de este lugar. No sé a dónde mirar  más, ya vi hacia adelante, hacia atrás y a ambos costado, e incluso arriba y hacia abajo. Algunas veces la desesperación me ha hecho ver al mismo lugar hasta en tres oportunidades. He perdido años de mi vida, he perdido algo de mi dignidad, pero lo que más me duele y me da coraje es  que también he perdido oportunidades con otras chicas que no tenían el rostro de ‘la ideal’. A quien puedo reprocharle algo. Si, para ser sincero sí creo haberme cruzado con mi media naranja, mi  media toronja o media papaya. Y no sé por qué creo que a ella poco le importo si yo era el prototipo del chico ideal, quien sabe Dios qué pasaba por mi mente en ese momento para no haberla tomado de la mano y haberme dirigido hacia lo más cercano que es la felicidad. Bien dice aquel sabio dicho:” En una fiesta nadie se queda sin bailar; y si es as,í es porque alguien no supo  como decir, ¿quieres bailar conmigo?




pAnChItO.

viernes, 3 de junio de 2016

NO ENCONTRÉ LO QUE BUSCABA

Llegué a Lima en un amanecer, de día domingo, de un mes del año que paso. El  cielo todavía  lucia oscuro cuando recogía mis maletas y me apuraba por salir  y coger el primer taxi que me lleve a casa. Tenía la alegría de volver a ver a mis padres, del saber que volvería a estar con ellos por una buena temporada y, al fin, del poder hacer muchas cosas que estaban pendientes en casa y en mi ciudad. Estaba contento de volver a casa, eso era lo importante, lo que le daba sentido a esa llegada. Por Fenómenos Naturales, el verano, en Lima, se había prolongado y cuando llegue, aun pude  gozar del Sol, el cual siempre fue la inspiración para crear, para hacer arte y para pensar que conocería a alguien muy especial. Fue así que  en esos días me invadió un presentimiento, que en mi ciudad, Lima, conocería a quien había buscado por tanto tiempo. Seria por fin  ‘La Mujer de mi Vida’. El hallazgo de aquella desconocida persona  me había sido esquiva aquí, en mi ciudad, y  en todas las ciudades en  donde viví en los últimos 5 años. Pero un día  sucedió lo inesperado  para mí: en una situación bastante inusual y rara, conocí a una chica espectacular; no solo lo digo solo por su aspecto físico, sino por quién es y  por lo que demostraba que llevaba en su corazón, con solo el hablar y sonreír. Al verla, la identifique como aquella persona que hace mucho tiempo aparecía en mis sueños y en mis mejores fantasías. En ese momento  reflexione del por qué Dios hace las cosas, y de  su confabulación con el destino para que  yo este de vuelta  en mi ciudad de origen; por lo que  concluí que esa indefinida visita a Lima era para conocerla, para verla por fin, y  para pensar en hacer todo lo posible por  tenerla por siempre conmigo. Desde ese momento los  días ya no fueron los mismos, cada uno de ellos empezaba con un motivo para sonreír y terminaban con un verdadero motivo para echarse a dormir tranquilo y pensando que ya todo estaba por resolverse. Hace tiempo no había sentido por nadie lo que sentía por aquella muchacha. Tampoco me importaba si yo para ella era el ideal, solo me bastaba con decirme que con lo que a mí respecta: yo era para ella. Hace mucho tiempo que  no veía a alguien con quien deseaba pasar todo el resto de mi vida y dejar de lado a la Soledad, que muchas veces me pareció ser  la perfecta compañía. Los nervios que tuve en mis días  de adolescente, cuando conocía a una nueva chica y temblaba por conquistarla y declararle mi amor, habían regresado con fuerza. No quería quedarme sin ella, ni quería luchar por su amor y al final fracasar en el intento.  Recuerdo que en una noche, en medio del parque, por los ánimos  por el creer que podría conquistarla, grite: ¡Que me importa el mundo si ella al final será mía! Fui optimista, algo raro e mí, pero el amor hacia milagros y me había hecho cambiar de parecer en cuanto a eso. Había pasado muchas veces por esta situación, en donde creí haber encontrado la mujer ideal, pero  nunca se concretaban las cosas, y debo de reconocer que todo ha sido  por mi responsabilidad. Se dice que  uno siempre aprende de las malas experiencias, pero yo no aprendí de ellas. Hoy, después de todos estos meses de haber batallado en una lucha ya perdida y, por ende, mi desgaste en vano, creo que perdí la tranquilidad que poseía antes de conocerla. Ahora sé que existe una mujer diferente a las demás, la cual no será para mí; lo cual me hace daño, una vez más.
Paralelamente a esta situación, durante todo este tiempo, aparecieron otras chicas  que me ilusionaban y me indicaban  que aquí, en Lima, de todas maneras, conocería a la persona que siempre anduve buscando.
En estos meses en casa: los almuerzos y cenas junto a mis padres fueron los  mejores momentos que he pasado; ya que siempre sospechaba que en poco tiempo, en esa misma  mesa, también nos acompañaría esa persona que ya estaba rondando por mi vida, y que tenía que estar junto a mí.
Entre tantas cosas que pensaba,  al fin creía que vería esa  sonrisa de tranquilidad en el rostro de papa; ya que por muchos años él  espera que mi situación se resuelve en ese aspecto de la vida. No había tiempo para más, los días corrían y yo sabía que esto se acababa y  todo debería de  definirse en un abrir  y cerrar de ojos. Pero un día  el sol se apagó y los días y noches se volvieron más frías. El invierno había llegado, y con ello aparecían las primeras dudas de  que si todo se cumpliría, tal como lo había pensado cuando llegue a esta ciudad, mi cuidad. No estaba autorizado por mi conciencia para el  rendirme tan pronto. Entonces, decidí que el clima de invierno  no terminaría con mi ilusión; por lo que yo  continuaría de pie en esta batalla que no la veía del todo favorable para mí. La chica a quien había conocido, solo una semana luego de haber llegado a la ciudad, aún mantenía contacto conmigo, pero esto no me indicaba que ella también tenía cierto interés por mí. La poca  simpatía que  ella tenía hacia mí parecía desaparecer con el correr de los días. Yo había puesto  todas las cartas sobre la mesa y seguí insistiendo hasta que llegó el momento más difícil de todo esto: ella me empezó a evitar y  ya  no contestaba a mis llamadas. Parecía que el castillo que construí de puras ilusiones se empezaba a derrumbar.
El día de mi cumpleaños, a pesar que perdiendo la dignidad le comunique cuando era la fecha, no recibí ninguna llamada o un mensaje de saludo por parte de ella. En ese momento y después de tantas cosas, pocas felices, que habían sucedido entre nosotros,  comprendí que esa batalla ya estaba perdida y que, aunque me cueste, debía iniciar el retiro; pues tarde o temprano terminaría del todo derrotado y con el ánimo y las fuerzas por los  suelos. Las otras chicas, a quienes conocí durante este tiempo, también  mostraron un comportamiento evasivo hacia mí. Ellas no querían ya seguir en contacto conmigo, inventaban miles de pretextos para evitar el salir juntos. Debí  de comprender que por aquí no estaba la persona  con quien siempre he soñado. Estaba  más confundido que nunca. Si no son ellas las chicas que podrían corresponderme, ya que en algún momento de mi vida me sonrieron, aceptaron mis piropos y me siguieron la corriente a mis intentos poco disimulados de tener algún tipo de relación con ella, ¿Quién podrían ser? Desanimado del todo y consciente que me traicionaron tantas falsas esperanzas, que yo mismo deje crecer en mí, decidí descansar por un buen tiempo y ya no molestarlas. Hoy por la mañana, recibí la llamada de un directivo de una de las empresas, en donde labore hace algunos años. Se  había recordado  de mí y me dijo que mi perfil encajaba para un nuevo proyecto que tenía en la puerta del horno. Para esto debía volver a mudarme a aquella ciudad, en donde radique por casi 2 años. No la pase mal ahí: me fue bien en el trabajo, en  la comida y en  el costo de vida; aunque tampoco ahí pude encontrar a quien buscaba. Lima siempre será una ciudad especial para mí, una de mis predilectas para vivir; aquí nací y  pase la mayoría de años de mi vida, pero es hora de empacar maletas: “hay  trabajo allá afuera”. Debo de ser sincero, estaba   a  la espera de un nuevo empleo con la misma remuneración, que me pagaran allá afuera,  pero con  el plus de que será aquí, en mi ciudad .Pero dado todo lo que me ha  sucedido con todas esas desilusiones y principalmente con aquella chica que conocí apenas llegue a Lima, y  de la cual me enamore perdidamente, he aceptado volver a instalarme muy lejos de aquí. Quizá es una oportunidad que me da el destino para alejarme de ella, porque al estar  yo en Lima y el saber que nunca será mía, me entristece. Amo a mis padres y no olvidare esta temporada que he pasado con ellos. Felizmente ambos siempre apoyaron la carrera que elegí, y lo que implica del trabajar lejos de aquí. Hoy debo de salir de nuevo. Por más que quiera mentir y me diga una y otra vez que estoy contento de volver a salir a trabajar fuera, sé que ella aún se aloja en mi mente, y desde ahora ya  siento la  tristeza por estar lejos de esta ciudad, donde ella vive. Aun no entiendo al destino: me trajo aquí para encontrar al amor de mi vida-según yo- ,  y hoy  me vuelve a dar la señal que debo de irme porque  sufro por aquella chica que vive aquí y nunca será mía. De repente a quien yo  no entiendo es a mí mismo. No sé por qué motivo siempre me suceden estas cosas. Lo único que sé es que  esta vez  me voy por un solo motivo: “Aquí  no encontré lo que buscaba”


pAnChItO.


jueves, 5 de mayo de 2016

SRTA.PERIODISTA

Parecía que sería una tarde  tranquila, sin ninguna novedad, y de mucho provecho, pues yo había decidido salir a  pasear por el centro de la ciudad a comprar unos libros  y unos CDs de música. Me embarque en ese proyecto, aferrándome a la alegría que me provocaba todo esto. Quería vivir el día a día de la mejor manera, sin preocupaciones.
Bajando del ómnibus, empecé el recorrido y sentí ese placer, que siempre siento, de caminar por aquellas antiguas y tradicionales calles del Centro de Lima, mientras  doy vistazos, de lejos, a las tiendas que están alrededor y también  a las lindas chicas que salen de estudiar o trabajar a esas horas de la tarde. Llegue a aquel  bulevar, donde se pueden encontrar todo tipo de novelas, obras literarias  y demás  libros. Entre a todas las tiendas, siempre es una alegría que ahí puedo encontrar  todos los libros que busco, y otros más. Sin embargo, esa vez solo compre lo que buscaba. Para terminar esa aventura, de tarde de compras por el Centro de Lima, me dirigí la tienda de CD’s , y al pasar por la tienda de dulces no pude el evitar hacer una parada y entrar a  ver las deliciosas bolsas de galletas de 'animalitos', las pequeñas cajas de chocolates en forma de moneda  y muchas delicias más. Tuve que vencer a la tentación de romper la dieta-que me  la habían impuesto por motivos de salud- y decidí solo comprar una bolsa de caramelos de limón, como endulzando la vida y haciéndole un bien  a mi  hígado, según algunos me lo han recomendado. Llegue al centro comercial, donde había muchos  puestos que venden discos originales y  también discos piratas. Cuando observaba los discos piratas con mucha atención a cada canción, note que le  faltaban algunas canciones que deseaba escuchar. Al consultarles a los vendedores por aquellas canciones, me dijeron que no tenían otros CDs, pero me recomendaban el  entrar a la tienda  de discos originales que estaba enfrente. No tenía pensado, en ese momento, el comprar un  disco original, que tenían un costo de casi  6 veces de lo que cuesta uno pirata, pero agradecí la amabilidad del vendedor y decidí el entrar por curiosidad a aquella tienda, donde si tenían el disco que buscaba. Al ver los precios, disimule mi rostro de sorpresa  y me prometí a mí mismo el  volver pronto. Cuando salía y observaba a los lejos  la vitrina de los vinilos, vi de espaldas a una mujer muy elegante. Ella miraba con detenimiento todos los discos de la gaveta. Me llamaba la atención, sobre todo por sus largos y dorados cabellos. No imaginaba quien era hasta que  por esas casualidades  de la vida, ella volteo y  ambos nos sorprendimos al mirarnos: era ella, aquella bella periodista, quien hoy  es muy conocida en la televisión de mi país porque a diario lee las noticias por las noches. Ambos habíamos sido compañeros de  trabajo, en una pequeño Diario en que yo practicaba y ella ya trabajaba, hace muchos años; por lo cual  ella ni yo podíamos dejar de saludarnos. Ella en la mano con un  LP de  Cold Play y en la otra de libros, y yo con mi bolsa de caramelos, libros y CDs nos llamamos por nuestros nombres. Parecía que  cualquier  mal entendido del pasado  entre nosotros estaba olvidado. La última vez que nos vimos en aquel semanario capitalino, cuando yo estaba de salida  y me organizaron una pequeña despedida, casi ni nos despedimos. Yo muchas veces, cuando  editábamos juntos las noticias, la invite a salir, y ella inventaba miles de pretextos para no hacerlo y yo insistía sin comprender que ella  no tenía ganas de hacerlo conmigo. Un día ella pidió ya no estar más en la sección de edición de noticias cortas, pues no quería verme. Era seguro que le  había caído muy  mal por mi absurda insistencia. Hoy le doy la razón de su hartazgo hacia mí. Lo que me quedo  fue el inventarle  un buen pretexto al director del Diario para dejar de laborar ahí. Pero esa tarde en la tienda de discos todos era ya parte del pasado y yo  me acerque y  le di un beso en la mejilla. Ella dejo a un costado lo que tenía en las manos y me abrazo y sonreímos por el reencuentro, ese que nos traía a la mente aquellos casi 5 meses en que trabajamos juntos, yo como practicante y ella como ya toda una redactora y columnista, pues era periodista de profesión y egresada con buenas calificaciones de una prestigiosa Universidad de la ciudad. Había mucho que conversar entre nosotros. En realidad, a mí me interesaba poco lo de ella y creo que a ella no le interesaba nada de mí. Sin embargo, por esa emoción de encontrarnos, después de tanto tiempo, y la cortesía de mi parte, le pregunte si  tenía tiempo para tomarnos una taza de café, pues el invierno en Lima ya empezaba con fuerza. ¡Buen pretexto!
Sorprendente para mi , encontré ella una respuesta positiva. Me dijo que era oportuno  una taza  caliente de café. Ella lucia bella y ya  era muy conocida en toda la ciudad por su trabajo en la televisión local. Como si  fuera un sueño, estábamos caminado juntos hacia la cafetería, mientras muchos la  saludaban y yo me sentía un hombre envidiado. Llegamos a un conocido centro comercial cera de ahí,  entramos a la cafetería y yo  tome la iniciativa de coger una mesa  lejos de la puertas de entrada, para que así ella no se sienta incomoda de tanta persona que la venga a saludar  y yo el   asegurar  que la  conversación entre los dos no sea interrumpida. Yo era consiente que  ya no tendría sentido el volver a intentar algo con ella, pero me sentía entusiasmado al empezar a conversar con ella. Le conté que  en los últimos 4 años estuve viviendo fuera de Lima, que me adapte a otras ciudades donde me tocó vivir por trabajo, pero que estaba otra vez en la ciudad, por una temporada. Ella me contó de lo mucho que le gustaba su trabajo. En realidad, no había mucho que contarme, pues yo  sabía que también trabajaba en una Radioemisora y escribía una columna política en un  conocido Diario de la capital. Lo demás sobre mí, no me lo pregunto, por lo cual yo me sentí corto en hacerle preguntas personales. Comprendí  que debería de disfrutar ese momento, de cruzar sonrisas con ella  y de comprometernos-aunque ambos supiéramos que era mentira- a encontrarnos de nuevo. Yo sabía que una taza  café y una donas no eran suficiente para alargar una conversación, pero ella me recalco que no contaba con mucho  tiempo para disgustar algo más en aquel lugar, además que me hablo de la dieta que realizaba,de  la cual puedo dar fe que le  funcionaba muy bien. Era el momento de salir y discutimos por pagar la cuenta. Yo me impuse y afirme que yo la había invitado y yo debía pagarla. Mientras aceptaba a regañadientes  que yo sea quien pague, le recordé  de todas esas veces que  ella me invitaba alfajores y  empanadas que traía de una conocida panadería que quedaba cerca de su casa. Luego la acompañe hasta el estacionamiento del centro comercial, donde había estacionado su auto,e  intercambiamos números telefónicos y correos electrónicos. En realidad, no sé si contestaría a mis mensajes si me decidía a escribirle-algo que dudaba de hacerlo por el hecho de no volver a caerle mal por insistente-, pero era bueno el  saber que hacíamos algo para evitar el olvido. La despedía perecía ser  bastante fría, sobre todo más de su parte, pues creo que en ese momento ella recordó  mi casi declaración de amor  y trato de no mirarme a los ojos. Antes de subir a su auto, dejo  de lado su  frialdad y extendió sus brazos para abrazarme, y yo también hice lo mismo. Nos abrazamos  fuerte, como si sabríamos que no volveríamos a vernos o que inconscientemente evitaríamos el hacerlo. Luego espere que subiera a su auto, que se siente, lo encienda y salga con dirección a su destino. Alce  mi brazo en seña de despedida, mientras ella salía manejando, y  al ver su sonrisa detrás de la luna, me embargo una alegría, algo así como cuando a veces salíamos juntos del trabajo  y la embarcaba en un ómnibus hacia su  casa. A pesar que  con ella hace mucho tiempo había perdido las esperanzas, debía de aceptar que esa tarde no había sido una tarde cualquiera ,pues no siempre uno se rencuentra y comparte un café con una chica como ella. Mientras viajaba en el ómnibus de vuelta a casa, recibí la llamada de mama, donde  me decía que bajando de la movilidad vaya  a la Botica y le compre una pastilla para el dolor de estómago a papa. Estando ahí, no se el por qué me provoco el preguntar si tenían una pastilla para el dolor del corazón.

Por la noche, mis padres sintonizaron el canal de televisión, donde ella trabajaba. Esa noche apareció más hermosa que nunca y  en su rostro se reflejaba  una sonrisa única, que por unos minutos pensé era por el re-encuentro que habíamos tenido. Volviendo a la realidad, tuve que aceptar que de repente para ella nuestro re-encuentro  ya era  pasado, y que  yo debería de hacer lo mismo. Entonces, entendí que los buenos momentos pasan y se vuelven  recuerdos. Yo creía que esa tarde iba a ser muy buena por el hecho de comprar  libros y  CDs, pero fue mejor por el hecho de encontrarla. Al acostarme la recordé  frente a mí tomando el café y dejando que la observe, como si aún era la primera vez que nos conocíamos. Al siguiente día, desperté y ya todo era pasado. Salí a trotar al parque, como casi todas las mañanas,  y salude a las chicas que también practicaban deportes ahí. Sabía que la felicidad es el presente, no lo que ya paso y nunca lo tuviste.


pAnChItO.

miércoles, 6 de abril de 2016

ENAMORADO DE TI

Me gustaría tener la oportunidad de reivindicarme: de poder hacer las cosas bien desde el primer instante en que empecemos a conocernos. Mi intención era el conocerte y caí en la desesperación, por lo cual todo salió mal en aquella ocasión. Al verte, ese día, caminando por la calle  y yo sin tener ningún recurso de como conversar contigo, pero convencido que era mi única oportunidad presentarme, fui detrás de ti hasta convertir ese acto  en una persecución que termino con la más torpe pregunta: ¿Cómo te llamas?
Créeme que hoy reconozco, con mucha sinceridad, que lo que hice estuvo muy mal. Para nadie es cómodo, ni menos para una dama, que otra persona vaya detrás de ella, y más aun sin conocerla de nada. Pero sabes que cuando uno tiene interés en alguien, desde hace muchos meses, como yo lo tengo por ti, suelen suceder estas cosas. No estoy justificando lo que hice, aunque si dándole un motivo real: el querer conocerte y querer pasar tiempo contigo, y contarnos tantas cosas con toda la confianza del mundo. Las cosas me salieron mal. Quede como un acosador o algo parecido.
Yo no soy así de aventado ni mucho menos de querer conquistar a alguien en el primer acto, pero mi grado de interés por ti se manifestó, aquella mañana de febrero, la cual será para mi inolvidable porque fue la primera y única vez en que cruzamos un par de palabras, de la manera menos indicada en estos casos. Ese corto dialogo, que sostuvimos, empezó por parte mía de una forma tan sorprendente  y tonta preguntándote por  tu nombre  y tu respuesta fue tan  cortante que mello mis esperanzas de conocerte.
No trato de ser alguien quien no soy. Yo soy así, como me ves, y casi nadie es perfecto  y sí, me siento mal por la forma en que me aparecí en aquella ocasión. También soy realista y comprendo que puede que no tengas interés en mí, más con todo eso que sucedió. Como ya lo dije, entiendo de  tu malestar  para conmigo, pero acabo de decir  que solo mellaste mis esperanzas, aún quedan en mí, por eso estoy aquí; por lo cual quiero empezar el proceso de conocernos. No sé cuánto más deba de insistir, pero lo haré. Discúlpame y déjame demostrarte que tu vales mucho para mí, por lo cual no me cansare de insistir porque me des una oportunidad de conocerte, de pasar de ser un extraño, quien camina  por la calle alrededor tuyo y  tú lo miras con indiferencia, si es que lo miras, a  ser un buen amigo y con el tiempo algo más.
En estos últimos días le he pedido muchas cosas a Dios: una de la cuales es el que me diera una nueva ocasión de poder conversar contigo y hacer la cosas bien. Tengo todas las ganas de tentar la felicidad, y para llegar a ella es necesario el caminar junto a ti. La vida no me puede seguir siendo adversa. Hoy confió más en mí. En ti encuentro todo lo que necesito para complementar  lo que aún le  falta a  mi vida. ¡Déjame conocerte! ¡Hoy solo deseo que tú estés a mi lado! Lo demás ya no importa. Soy joven pero no un chiquillo, razón por la cual se lo que en verdad siento por ti,  y  por eso deseo una seria relación contigo. Estoy convencido que esa seriedad en tu rostro con una eventual sonrisa me inducen a saber que tú eres la persona que siempre he buscado. Además, sé que lo mejor está en tu corazón, y todo eso quiero ir descubriéndolo cada día que estemos juntos. No pienso en otra muchacha que no seas tú. Todo esto que siento por ti, lo estoy sintiendo hace bastante tiempo, y creo que ha llegado el momento de expresarlo. Demás estar decir esto, pero lo diré: “estoy enamorado de ti”

P.D: Ni bien la primavera empezó, todos esperaban los primeros rayos del sol, pero  aun estos no se veían. Eso desesperaba a muchos que habían esperado con ansias esta estación del año, ya que el invierno había sido cruel. A simple vista, el cielo continuaba nublado y presagiaba una tarde de lluvia, como lo había sido en los últimos días. Solo uno que otro que miraba el cielo con detenimiento y profundidad, pudo ver que algunos rayos de Sol estaban cubiertos detrás de esas nubes y  parecía que hacían todo el esfuerzo posible para abrir estas, como si fueran cortinas, y hacer su aparición. Quizá ese trabajo no sería muy simple, pero ellos tenían la seguridad que mañana o pasado podrían salir e instaurarse en el cielo por el resto de los días y  encender aún más con llegada de verano. Aquellos que veían y afirmaban que la primavera demoraría y que  ya no querían seguir sufriendo los golpes fuertes del último invierno, decidieron emigrar hacia otro lugar. No podían esperar más tiempo por aquella estación, que por su naturaleza haría aparecer sus bondades en cualquier momento. Al tercer día de haber comenzado la estación, muchos ya habían partido, y no estuvieron presentes para cuando  antes del mediodía hicieran su aparición los primeros rayos del Sol y conviertan ese día, que amaneció como un típico día de invierno, en un día cálido e  iluminado de  magia, porque a muchos este nuevo clima les cambio el ánimo para bien. ¡Ya era primavera! Quienes se fueron a otro lugar en busca de la primavera, al enterarse de las buenas nuevas, quisieron volver para gozar de las bondades propias de la estación, eso mismo de lo que ya habían gozado en años anteriores, pero muchos de ellos habían vendido sus propiedades y se les hacía difícil el regresar a un lugar en donde ya no tenían nada. La desesperación los llevo a desafiar al calendario y las cosas no le salieron como esperaban. Sin embargo, en cualquier lugar donde estén también llegaría la primavera; ellos deberían de esperar con la paciencia, con la sabiduría de aquellos viejos pobladores que no se movieron de su lugar, pues guardaban la esperanza que esta tan esperada estación del año se manifieste. Ahora, hasta que llegue la primavera por esos lugares cuantas cosas pasaran, cuantos rayos del sol y hermosos días están perdiendo de ver por no estar aquí.


pAnChItO.


domingo, 6 de marzo de 2016

LA ESTRELLA QUE ME ILUMINARA

Anoche, en un sueño, me di una escapada  de la tierra.  Ya en el espacio, quise convencer a la Luna para que nos alumbre todas las noches en que estemos ella y yo juntos en la Tierra. Buscaba una respuesta positiva de este Satélite, pero no escuche nada. Me senté en ella esperando  que me diga que sí, pero nunca me dijo nada, y eso podía entenderse como un NO Volví decepcionado en mi nave de papel. Apenas aterrice  en tierra, empecé a ver la forma  de alumbrar todas mis noches junto a ella; si, esas noches clandestinas en que jugamos a que nuestro amor es permitido y goza de futuro. A pesar que sus ojos son un par de luceros que ya alumbran mi vida, hace falta una luz que nos guie y nos alumbre para sacar lo mejor de nosotros, y así  poder sobrellevar este amor que se vuelve complicado cuando choca con la realidad.
El camino de nosotros, por las noches, no es tan fácil: duendes, pumas y miradas indiscretas quieren espantarnos, pero hasta hoy no lo han logrado. Nunca han podido dejarnos a mitad de nuestro encuentro de amor. Pero vale la pena ser precavidos y tomar el control de la situación.
Al día siguiente, programe viajar hacia las estrellas. Este camino se  anuncia ser muy largo, casi imposible y con probabilidades de terminar achicharrado. Pero solo al pensar en ella, en querer que nuestro amor sea de la mejor, con una par de estrellas iluminándonos, me dio el valor para viajar hacia allá. Entonces fue que llegue hacia donde habían millones de estrellas; solo quería conquistar dos para que nos iluminen para toda la vida. Esas dos estrellas, también, eran difíciles de convencer. Parece que su negativa era inminente. Al escuchar la respuesta, de la cual sospechaba, no insistí, pues, literalmente me estaba  quemando vivo.  Tras mi segundo fracaso, decidí realizar el viaje de retorno hacia la tierra para otra vez, con mis ánimos caídos, buscar   una forma de poder sustituir esa Luna y  dos Estrellas, con las cuales soñaba para  iluminar nuestro paisaje de encuentro de amor.
A pesar de esos dos reverses que se presentaron por conseguir la mejor  iluminación  para nuestra escenografía, continúe buscando lo que pocos han logrado encontrar para su historia de amor: la luz eterna. Los malos resultados se siguieron presentando en aquellas búsquedas. De seguro en el cielo podría encontrar alguna luz para los dos, pero ya no quería  viajar más; por lo que recordé de una linterna que tengo en casa, de luz muy potente. Entonces, por qué no poder reemplazar a la luz de la luna? También, recordé que en casa guardaba un pliego de papel plateado  y tuve  la idea de montar  una escenografía: un par de estrellas y la luz de la luna. Cogí las tijeras y corte dos trozos de papel en forma de estrella. Y la linterna como la luna. Ya teníamos las tres luces que me fueron negadas.
Al final, llene la escena con todos los elementos para que sea una gran noche romántica. Mi vida estaba ahí. Era el premio a tanto esperar.
Cuando la sentía abrazándome, besándome y  yo temblado de emoción, desperté. Otra vez, todo había sido un  buen sueño. Medio soñoliento, pensé que de repente el sueño era como una recomendación de mis familiares desde arriba o de Dios para poder ligar con la chica que tanto quería, y con quien siempre soñaba. Entonces, me levante de la cama y  baje rápidamente a buscar la linterna que tengo en casa, y  me percate que se encontraba descargada. Luego me dirigí hacia el patio de la casa y  busque en el pequeño deposito, debajo de la escalera, por ese papel platino que mis padres guardaban ahí. Solo vi un par de bolsas vacías de cemento; pensé rápidamente que con ambas podría hacer un par de montañas. Por la tarde compraría una par de baterías para la linterna y dos pliegos de papel plateado. Pero caramba, olvide que durante todo el día  debía de realizar unos trámite para mama. Creía que todo se había venido abajo. Tome rápidamente el desayuno, me duche, leí rápidamente los titulares de unos diarios  y salí de casa, no sin llevar unas tijeras para recortar las estrellas durante el camino. ¡Estaba loco¡ Al subir al ómnibus miraba a todos lados, preguntándome donde podía estar  la chica que protagonizaría mi historia. No era  un alentador  día, las largas colas que se hacen para realizar trámites y  los vaivenes de gente encargada de informarte pero que están más desinformadas que tú me ponían de mal humor. Estuve tramitando documentos  durante casi todo el día. Al fin pude terminar con todo lo que estaba pendiente. Salí y me encontré con una muchedumbre en el paradero del bus que me llevaría a casa. Resignado, me coloque en la columna que se formaba  para abordar el bus de transporte. Durante la cola, empecé a conversar con una linda chica, que se mostraba  tan tierna y bondadosa. Esa tarde ya con pinta de noche se llenó de ilusión, porque a pesar de  que ella no era la chica de mis sueños, nuestra conversación se hizo tan amena que decidimos  abordar juntos el ómnibus que la llevaría a su casa.  Caminado hacia su casa, le sugerí tomarnos una taza el chocolate caliente, acompañándolos con unos alfajores.

 Luego de una gran conversación, salimos del  restaurante y mientras nos reíamos, las luces de los postes en la calle nos alumbraban como su fueran la luz de la luna. Unos vendedores ambulantes ofrecían todo tipo de figuras de material de felpa. Fue que  decidí comprar dos en forma de estrellas; si bien  estas no alumbraban, si eran alumbradas por el alumbrado público; además que al obsequiarle una de ellas, su rostro se ilumino y yo era feliz viendo  su sonrisa. Mi estrella también alumbraba. Fue así que me  di cuenta que tenía todo el paisaje que soñé. Cuando llegamos cerca de su casa, la despedí  y le dije  que  quería volverla a ver. Empezó a llover y yo rápidamente aborde un ómnibus. Llegue a mi destino y camine hacia casa. Entre a mi habitación y  saque de la maleta mi estrella, la mira y me dije  que siempre estaría conmigo.



pAnChItO.