El último
fin de semana estuve en Buenos Aires y no podía de dejar, el domingo, de visitar
el barrio de la Boca y conocer el estadio del Club Atlético Boca Juniors, uno
de los equipos más grandes del mundo y del cual soy hincha en gran parte desde
que ví jugar a Maradona en su segunda etapa en el club, allá por 1996. La visita
empezó por el conocido pasaje Caminito y de allí continúe por ese estrecho
camino de rieles, mientras me embargaba de emoción. Cuando ya me di cuenta que estaba
frente al estadio de mi querido club argentino y automáticamente con las
tiendas de souvenirs alrededor mío, sobre todo con las camisetas, llaveros y
pulseras del Diego, se manifestó en mi ese niño enloquecido dentro de una
tienda de juguetes. Ya con varios recuerdos conmigo y por supuesto pulseras y
llaveros de Diego, en mi muñeca y mochila, respectivamente, llego el momento de
tomarme las fotografías del recuerdo y desde todos los ángulos afuera del
Estadio de la Bombonera, aquel mítico coloso deportivo que lleva consigo miles
de anécdotas del fútbol mundial. Sentía alegría por conocer aquel estadio e
inscribirme en la lista de todos los hinchas que lo han visitado, pero a la vez
una sensación hasta ese momento desconocida y rara me embargo: era un
sentimiento negativo, de tristeza, de desesperanza a que ese sea un excelente
día, algo que amenazaba la felicidad de un hincha frente al recinto de su
equipo. No descubrí que me sucedía hasta que recordé exactamente hace 30
años de cómo me hice hincha del Boca en Lima, cuando junto a mi padre todos los
domingos veíamos el campeonato argentino y allí estaba Maradona alineando en el
equipo, en su segunda etapa en el Boca, en aquel soñado retorno para todos los
hinchas xeneizes. Mi corazón estaba lleno de tristeza porque fue papá quien me
contaba del estadio de la Boca ,de esa arquitectura y diseño tan propio que da
la sensación que los hinchas desde las tribunas se meten a la cancha ,además también de todos
los grandes futbolistas que pasaron por allí ,aparte del Diego; y era cuando
papá remataba la conversación con esa
frase que al recordarla me hacías trizas
por dentro en ese momento: “sería bacán estar allí un día” .Yo le contestaba
que sí, que de todas maneras algún día visitaríamos Buenos Aires y por supuesto el
barrio de la Boca. Esa mañana las lagrimas me empezaron a brotar sin poder contenerlas,
tenía unas ganas de explotar y de no resistir más y empezar a llorar y lamentar
que papá ya no estaba en este mundo, que desde hace 2
años que falleció yo ya no soy el mismo, pues un vacío ha quedado en mi alma y
corazón ; y por eso es tuve que venir
solo a conocer el estadio ,y ni siquiera me quedaba el consuelo de por la noche
llamarlo por teléfono para contarle que
estuve allí y que todo lo que él me
contaba al fin lo conocí. Mis ojos
llorosos y mi cara hinchada delataban mi tristeza y dolor, y no faltó un grupo
de hinchas que me observaban y al verme con una pulsera en la muñeca y un llavero en
la mochila del Diego me dijeron: “aguante che, todos extrañamos al Diego. Que
emoción la que trasmites por lo que sentís, se nota él fue tu ídolo” Parece que
esa situación me hizo regresar en sí y sentí que en medio de aquella tristeza
ese comentario de aquellos varones, de seguro dictado por mi padre, con una
sonrisa en el rostro y soltando una expresión de burla, fue elaborada para
despertar en mi un deseo de recuperación y así también controlar mis sentimientos.
Solo atine a contestar: duelen las ausencias que son para siempre. Mire al cielo,
mire allí a papá, respire hondamente y cuando me sentía mejor hice el tour para
conocer el estadio por dentro. Todos los nombres de los jugadores históricos
del club que aparecían en las galerías yo los conocía también porque papá me
hablo de ellos. En ese paseo de casi una hora sentí que se cumplía un sueño más,
pero esta vez como el único hijo varón de mi padre me toco representarlo ante
esta lamentable ausencia.
P.D: Papá cumpliría en estos días 89 años, así que esta
columna va para él, que yo estoy convencido me está mirando y leyendo desde el
cielo. En estos 2 años que ya no está con nosotros mi padre todos los días lo
extraño y lo seguiré haciendo. Lo que mas mes duele es que nunca lo volveré a
ver , salvo que todos se pongan de acuerdo y no me sigan desanimando en la
creencia que en el cielo nos encontraremos todos.
pAnChItO.

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