lunes, 14 de septiembre de 2026

No llores por mí Argentina.

 


El último fin de semana estuve en Buenos Aires y no podía de dejar, el domingo, de visitar el barrio de la Boca y conocer el estadio del Club Atlético Boca Juniors, uno de los equipos más grandes del mundo y del cual soy hincha en gran parte desde que ví jugar a Maradona en su segunda etapa en el club, allá por 1996. La visita empezó por el conocido pasaje Caminito y de allí continúe por ese estrecho camino de rieles, mientras me embargaba de emoción. Cuando ya me di cuenta que estaba frente al estadio de mi querido club argentino y automáticamente con las tiendas de souvenirs alrededor mío, sobre todo con las camisetas, llaveros y pulseras del Diego, se manifestó en mi ese niño enloquecido dentro de una tienda de juguetes. Ya con varios recuerdos conmigo y por supuesto pulseras y llaveros de Diego, en mi muñeca y mochila, respectivamente, llego el momento de tomarme las fotografías del recuerdo y desde todos los ángulos afuera del Estadio de la Bombonera, aquel mítico coloso deportivo que lleva consigo miles de anécdotas del fútbol mundial. Sentía alegría por conocer aquel estadio e inscribirme en la lista de todos los hinchas que lo han visitado, pero a la vez una sensación hasta ese momento desconocida y rara me embargo: era un sentimiento negativo, de tristeza, de desesperanza a que ese sea un excelente día, algo que amenazaba la felicidad de un hincha frente al recinto de su equipo. No descubrí que me sucedía hasta que recordé exactamente hace 30 años de cómo me hice hincha del Boca en Lima, cuando junto a mi padre todos los domingos veíamos el campeonato argentino y allí estaba Maradona alineando en el equipo, en su segunda etapa en el Boca, en aquel soñado retorno para todos los hinchas xeneizes. Mi corazón estaba lleno de tristeza porque fue papá quien me contaba del estadio de la Boca ,de esa arquitectura y diseño tan propio que da la sensación que los hinchas desde las tribunas  se meten a la cancha ,además también de todos los grandes futbolistas que pasaron por allí ,aparte del Diego; y era cuando papá remataba la conversación  con esa frase que al recordarla  me hacías trizas por dentro en ese momento: “sería bacán estar allí un día” .Yo le contestaba que sí, que de todas maneras algún día  visitaríamos Buenos Aires y por supuesto el barrio de la Boca. Esa mañana las lagrimas me empezaron a brotar sin poder contenerlas, tenía unas ganas de explotar y de no resistir más y empezar a llorar y lamentar que papá ya no estaba en este mundo, que desde   hace 2 años que falleció yo ya no soy el mismo, pues un vacío ha quedado en mi alma y corazón ;  y por eso es tuve que venir solo a conocer el estadio ,y ni siquiera me quedaba el consuelo de por la noche llamarlo  por teléfono para contarle que estuve allí y que  todo lo que   él me contaba al fin  lo conocí. Mis ojos llorosos y mi cara hinchada delataban mi tristeza y dolor, y no faltó un grupo de hinchas que me observaban y al verme   con una pulsera en la muñeca y un llavero en la mochila del Diego me dijeron: “aguante che, todos extrañamos al Diego. Que emoción la que trasmites por lo que sentís, se nota él fue tu ídolo” Parece que esa situación me hizo regresar en sí y sentí que en medio de aquella tristeza ese comentario de aquellos varones, de seguro dictado por mi padre, con una sonrisa en el rostro y soltando una expresión de burla, fue elaborada para despertar en mi un deseo de recuperación y así también controlar mis sentimientos. Solo atine a contestar: duelen las ausencias que son para siempre. Mire al cielo, mire allí a papá, respire hondamente y cuando me sentía mejor hice el tour para conocer el estadio por dentro. Todos los nombres de los jugadores históricos del club que aparecían en las galerías yo los conocía también porque papá me hablo de ellos. En ese paseo de casi una hora sentí que se cumplía un sueño más, pero esta vez como el único hijo varón de mi padre me toco representarlo ante esta lamentable ausencia.

 

P.D: Papá cumpliría en estos días 89 años, así que esta columna va para él, que yo estoy convencido me está mirando y leyendo desde el cielo. En estos 2 años que ya no está con nosotros mi padre todos los días lo extraño y lo seguiré haciendo. Lo que mas mes duele es que nunca lo volveré a ver , salvo que todos se pongan de acuerdo y no me sigan desanimando en la creencia que en el cielo nos encontraremos todos.


pAnChItO.



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