Por que él no te quiere? , yo mismo no lo entiendo
Debe ser que cada uno tiene sus propios sentimientos
Pero si tú me querrías como a él lo quieres
Yo si te correspondería inmediatamente
Puedes soñar con miles de besos de el
Pero yo todos tus sueños los realizare
Todo esto que te digo, no es ninguna declaración de amor
Pues tú siempre supiste lo que sentía por ti mi corazón
Que tonto suena de mi boca decir que somos el uno para el otro
Aunque pensándolo bien, los dos vemos el amor de el mismo modo
Tú amas a quien no te ama, y quizás nunca lo hará
Yo te amo mucho y dudo que un día a mi me amaras
No tendría para mi sentido juntarme contigo, si tú no sientes nada por mí
Para ti no habría motivo de estar a mi lado, si yo nunca te haria feliz
No intentes cambiar lo que siente su corazón por ti
No intentare forzar a tu corazón que haga un espacio para mí
Tú dejaste de ser mi fantasía cuando descubrí que no me querías
Yo siempre fui quien te seguía hasta saber que nunca serias mía
Pero por que ocultar siempre nuestros sentimientos
Por eso hoy te cuento lo que por ti siento
Nadie puede querer a otro, solo porque el también te quiere
Tu a mi no me quieres, y el por ti tampoco amor siente
Yo soñé que te cogía en mis brazos en un día de felicidad
Ya despierto acepte que eso no pasara en la realidad
Hoy me despido y me marcho descendiendo por las escaleras
Mañana tu también te despedirás de él con mucha pena
Hasta siempre mi amiga, esta vez no fue buena mi suerte
No te preocupes que existen muchos que por ti se mueren
Y lo más importante es tu elegirás a quien realmente quieres
pAnChO
Hola, amigos.Yo, al igual que muchos de ustedes, busco pasar un buen momento leyendo artículos interesantes y divertidos; y también el publicar algunos.Por eso cree este blog que espero sea de su agrado. Espero sus comentarios, sean buenos y malos, todos serán bienvenidos. Pero comenten ya.....
viernes, 16 de julio de 2010
LA COLUMNA DE GUILLERMO GIACOSA :Invisibilizando la realidad

Ayer me lamentaba por la falta de compromiso de la prensa con el medio ambiente. Luego de haber enviado la nota, vino a mi memoria la frase de Saint Exupéry: “Lo esencial es invisible a los ojos”, y se apoderó de mí la mortificante impresión que hoy, a lo esencial, lo hacen deliberadamente invisible a los ojos y, sobre todo, a la conciencia de los ciudadanos. Los grandes intereses económicos, aquellos que en los últimos treinta años han hecho lo imposible por que no se advierta a la población sobre el calentamiento global, siguen en su tesitura y, hoy –con el drama en nuestras espaldas–, tienden a minimizarlo, cuando no a seguir negándolo. Escuchar a Oppenheimer decir que el agua no es un problema resulta patético. Y más patético es que nadie escriba o hable refutando su disparate.
Hoy, lo invisible, o lo que pretenden que sea invisible, es el despeñadero al que se dirige la sociedad humana de continuar con la desenfrenada explotación de los recursos naturales.
También se pretende que sea invisible la desocupación como problema coyuntural. Ya en 2003, mucho antes de que estallara la gran crisis, la OIT reconocía la pérdida global del empleo y señalaba que la productividad había crecido a escala mundial en un 5%, y los costos por trabajador habían caído en un 5.8%. La tendencia, naturalmente, se ha acentuado. Hoy se produce más con menos trabajadores y con trabajadores peor pagados. Este hecho es producto de los avances tecnológicos que, sin culpa, seguirán agravándolo. Es lógico que el capital exija expulsar de las empresas la fuerza de trabajo que ya no es necesaria y, así, aumentar los beneficios.
Las preguntas que se pretende que sigan siendo invisibles a los ojos son simples, y solo los ciegos políticos pueden ignorarlas: ¿Qué ocurrirá cuando el número de desocupados sea inmanejable? ¿Qué ocurrirá cuando esas masas tengan, como decía Sartre, más miedo a la vida que a la muerte? ¿Instauraremos dictaduras para controlarlas? ¿Nos organizaremos para vivir en guetos?
Mientras ese futuro se acerca, pareciera que la sociedad aceita el camino para que ello ocurra en el menor lapso. En efecto, aumentar el poder económico en desmedro del poder político es entregar la administración del gallinero a los zorros. ¿Alguien, en su sano juicio, puede creer que las grandes corporaciones que hoy constituyen el centro del poder mundial tienen una visión de conjunto de los dramas que nos aguardan? ¿Pueden imaginarlas reduciendo sus ganancias para preservar el medio ambiente o aumentando sus costos de producción para evitar que el desempleo masivo se transforme en una hecatombe social? Su visión, como es comprensible, es la de sus intereses. Estos, que son los de sus accionistas, no siempre coinciden con el bien social.
Sobran los ejemplos para saber qué pasa cuando el poder político está sujeto al interés económico. Le sorprendería a Saint Exupéry saber que, hoy, lo esencial es invisible a los ojos, no por ineptitud del espíritu, sino por mandato del poder económico.
Hoy, lo invisible, o lo que pretenden que sea invisible, es el despeñadero al que se dirige la sociedad humana de continuar con la desenfrenada explotación de los recursos naturales.
También se pretende que sea invisible la desocupación como problema coyuntural. Ya en 2003, mucho antes de que estallara la gran crisis, la OIT reconocía la pérdida global del empleo y señalaba que la productividad había crecido a escala mundial en un 5%, y los costos por trabajador habían caído en un 5.8%. La tendencia, naturalmente, se ha acentuado. Hoy se produce más con menos trabajadores y con trabajadores peor pagados. Este hecho es producto de los avances tecnológicos que, sin culpa, seguirán agravándolo. Es lógico que el capital exija expulsar de las empresas la fuerza de trabajo que ya no es necesaria y, así, aumentar los beneficios.
Las preguntas que se pretende que sigan siendo invisibles a los ojos son simples, y solo los ciegos políticos pueden ignorarlas: ¿Qué ocurrirá cuando el número de desocupados sea inmanejable? ¿Qué ocurrirá cuando esas masas tengan, como decía Sartre, más miedo a la vida que a la muerte? ¿Instauraremos dictaduras para controlarlas? ¿Nos organizaremos para vivir en guetos?
Mientras ese futuro se acerca, pareciera que la sociedad aceita el camino para que ello ocurra en el menor lapso. En efecto, aumentar el poder económico en desmedro del poder político es entregar la administración del gallinero a los zorros. ¿Alguien, en su sano juicio, puede creer que las grandes corporaciones que hoy constituyen el centro del poder mundial tienen una visión de conjunto de los dramas que nos aguardan? ¿Pueden imaginarlas reduciendo sus ganancias para preservar el medio ambiente o aumentando sus costos de producción para evitar que el desempleo masivo se transforme en una hecatombe social? Su visión, como es comprensible, es la de sus intereses. Estos, que son los de sus accionistas, no siempre coinciden con el bien social.
Sobran los ejemplos para saber qué pasa cuando el poder político está sujeto al interés económico. Le sorprendería a Saint Exupéry saber que, hoy, lo esencial es invisible a los ojos, no por ineptitud del espíritu, sino por mandato del poder económico.
EN CUALQUIER MOMENTO CON GABRIELA FRIAS, SIEMPRE ALGO CORTO, PERO EFECTIVO
viernes, 9 de julio de 2010
Dulce libertad
Cuando quise establecerme en ese corazón, no encontré acogida, no encontré el calor de hogar y concluí por saber que no era bienvenido ahí. Siempre puse lo mejor de mí; y aunque suena muy ridículo- razón por lo que no gusto escribir esto, ni menos decirlo-, puedo escribir que hice bien las cosas como para parar el reloj de mi vida en ese instante que creí que era el esperado por mí en toda la vida y quedarme en ese lugar. Para luchar por esa morada que encontré y por la cual hubiera pedido a Dios todos los días para que siempre sea mía, para que siempre sea el lugar que me acoja cuando regrese de largas batallas. Pero así son las cosas, así me sucedió a mí, y no fue una desgracia, mala suerte o un desvió de mi verdadero destino. Son simplemente las circunstancias, son esas chances que te da la vida para que sigas haciendo las cosas sin ataduras.Con esa libertad que estarias a punto de perder si tu enlazarias tu vida con la primera persona de la cual creees estar enamorado; pero muy conciente que de repente esa libertad no será para siempre y algún día encontrare a alguien que me haga sentir esa dulzura de las cadenas, ese placer de ser un hombre ya reposado en un hogar con alguien a quien elegí como mi compañera de toda la vida. Sin embargo los días corren y debemos hacer honor a nuestro generación de personas apuradas, si, de personas de vida agitada, que andan con el reloj en la mano y ya no en las muñecas; porque hasta para ver la hora en esa posición se pierden segundos. Y por supuesto nadie de esta época estaría dispuesto a perder el tiempo en ponerse a pensar por que sucedieron las cosas, que hicimos mal - que en mi caso considero lo hice todo muy bien,al contrario, de repente peque de noble- para que la vida nos traiga estos momentos solitarios y muy lejanos a lo que se puede considerar felicidad. Esos minutos hoy los aprovechamos en producir, sea en el trabajo o en los estudios, y sino es así, lo utilizamos para dormir. Para echarnos a la cama y descansar, muy bien abrigados en esta época de invierno, y soñando que todo allá fuera está solucionado. Pero con una pizca de realismo que mañana volveremos a ese veloz tren de vida que precisamente hace que esta sea divertida y no aburrida como la idealizamos en nuestros más afiebrados sueños.
Quise elegir como quería que sucedieran las cosas en este determinado asunto, y olvide – o mejor dicho, recién aprendí- que cuando el destino decide jugar al azar, a buscar en sus gavetas cualquier historia de amor o desilusión que tiene ahí para dártela sin importar quine eres tú .Debes aceptar lo que te toca vivir , aunque tu otro yo , como un verdadero loco, te hace intentar cambiar el rumbo de las cosas y corres a un lugar escondido a ponerte a planear y a llorar cómo hacer para que todo te salga como siempre lo has querido , o al menos ver las cosas como tus ojos quieren verlas. Creí que podía yo mismo decidir vivir en su corazón. Pensé en mi cabeza con mucha inocencia que llegaría hasta el final con ella, que estábamos representando un cuento de hadas- esos cuentos que nunca tuvieron, ni tendrán cabida en la realidad- y solo me di cuenta que hasta el final de mis días no podía llegar con una persona como ella, que siempre sembraba dudas sobre ella en mi mente , que le hacía falta a la lealtad y sobre todo que nunca tuvo definido que quería también compartir su vida conmigo. Hace mucho tiempo me paseo por las calles que con ella soñé pasearme haciendo alarde de nuestra felicidad, de nuestra alegría por habernos al fin encontrado en la vida. Si, habíamos caído en ese juego de pensar que las relaciones pueden funcionar teniendo su origen en el amor a primera vista- al menos yo lo pensé así-, dejando de lado el conocer la profundidad de nuestras almas y hacer compatible nuestros corazones. Por eso hoy mi caminar, por esas calles soñadas caminando junto a ella, es tranquilo; respirando el aire fresco, protegiéndome de el frio y gritándole a al viento que pasa arrastrando hojas de esos antiguos arboles que hay alrededor, – soy tan libre como tú, y puedo arrastras así como tú esas malas hojas que quieren formar parte, pero no lo harán, de el libro de mi vida-. Cientos de carros que pasan a toda velocidad no notan que grito como un loco, y si lo notaran no les llamaría la atención; ya que saben que en esta vida todos andamos medios locos y algunos completamente locos. De regreso a casa y caminando por esta avenida que se hace interminable cuando uno quiere reflexionar, cuando quieres pensar un poco en resolver mis dudas. Decido que no intentare instalarme otra vez en otro corazón, tengo claro que no deseo entrar a esos lugares a la fuerza. Sino que esperare que las cosas se den sin darme cuenta, y que un día me vea a mí mismo dentro de ahí mirando los globos y carteles menbretados con la palabra “Bienvenido”. Ese será el momento cuando habré comprendido que el destino hizo su trabajo y me coloco en el lugar a donde tenía que llegar; a ese corazón que el escogió al azar de su gaveta para mí. No hay más que escribir, no hay más que contar. Solo pararme en la ventana de casa y mirar esos vientos que soplan las vidas de muchas personas hacia diferentes direcciones y que se burlan al saber que uno quiere ir contra su naturaleza devastadora, arrolladora, pero también aleccionadora.
Que los vientos te sean provechosos.
Quise elegir como quería que sucedieran las cosas en este determinado asunto, y olvide – o mejor dicho, recién aprendí- que cuando el destino decide jugar al azar, a buscar en sus gavetas cualquier historia de amor o desilusión que tiene ahí para dártela sin importar quine eres tú .Debes aceptar lo que te toca vivir , aunque tu otro yo , como un verdadero loco, te hace intentar cambiar el rumbo de las cosas y corres a un lugar escondido a ponerte a planear y a llorar cómo hacer para que todo te salga como siempre lo has querido , o al menos ver las cosas como tus ojos quieren verlas. Creí que podía yo mismo decidir vivir en su corazón. Pensé en mi cabeza con mucha inocencia que llegaría hasta el final con ella, que estábamos representando un cuento de hadas- esos cuentos que nunca tuvieron, ni tendrán cabida en la realidad- y solo me di cuenta que hasta el final de mis días no podía llegar con una persona como ella, que siempre sembraba dudas sobre ella en mi mente , que le hacía falta a la lealtad y sobre todo que nunca tuvo definido que quería también compartir su vida conmigo. Hace mucho tiempo me paseo por las calles que con ella soñé pasearme haciendo alarde de nuestra felicidad, de nuestra alegría por habernos al fin encontrado en la vida. Si, habíamos caído en ese juego de pensar que las relaciones pueden funcionar teniendo su origen en el amor a primera vista- al menos yo lo pensé así-, dejando de lado el conocer la profundidad de nuestras almas y hacer compatible nuestros corazones. Por eso hoy mi caminar, por esas calles soñadas caminando junto a ella, es tranquilo; respirando el aire fresco, protegiéndome de el frio y gritándole a al viento que pasa arrastrando hojas de esos antiguos arboles que hay alrededor, – soy tan libre como tú, y puedo arrastras así como tú esas malas hojas que quieren formar parte, pero no lo harán, de el libro de mi vida-. Cientos de carros que pasan a toda velocidad no notan que grito como un loco, y si lo notaran no les llamaría la atención; ya que saben que en esta vida todos andamos medios locos y algunos completamente locos. De regreso a casa y caminando por esta avenida que se hace interminable cuando uno quiere reflexionar, cuando quieres pensar un poco en resolver mis dudas. Decido que no intentare instalarme otra vez en otro corazón, tengo claro que no deseo entrar a esos lugares a la fuerza. Sino que esperare que las cosas se den sin darme cuenta, y que un día me vea a mí mismo dentro de ahí mirando los globos y carteles menbretados con la palabra “Bienvenido”. Ese será el momento cuando habré comprendido que el destino hizo su trabajo y me coloco en el lugar a donde tenía que llegar; a ese corazón que el escogió al azar de su gaveta para mí. No hay más que escribir, no hay más que contar. Solo pararme en la ventana de casa y mirar esos vientos que soplan las vidas de muchas personas hacia diferentes direcciones y que se burlan al saber que uno quiere ir contra su naturaleza devastadora, arrolladora, pero también aleccionadora.
Que los vientos te sean provechosos.
pAnChO
MENSAJE A LA CONCIENCIA - POR EL HERMANO PABLO
NO PUEDO VER NADA


Las palabras se oían con claridad, serenas y dramáticas: «No puedo ver nada.» Los hombres las escucharon vez tras vez, callados, serios, cargados de pesadumbre. La cinta seguía corriendo y corriendo. Pero ninguna palabra más podía oírse. Sólo aquellas que encerraban toda una tragedia: «No puedo ver nada.»
Eran las últimas palabras que había grabado el piloto del Boeing 747 de Iberia, que había chocado con el avión de Avianca en el aeropuerto Barajas de Madrid. La densa niebla, y el deficiente sistema de luces de la pista, habían provocado la tremenda desgracia en la que murieron 196 personas.
«No puedo ver nada.» En su sencillez y brevedad, estas palabras siempre denotan un problema en ciernes o una desgracia que se precipita. No poder ver nada, cuando uno más necesita de una clara y buena visión, es preludio de muerte.
Supongamos que uno corre por un camino de montaña, con precipicios a los lados. De pronto lo envuelve una densa niebla. Si no puede ver nada, el peligro de muerte está en cada vuelta del camino.
Supongamos que uno está dentro de su casa y ocurre un temblor. Las luces se apagan, las paredes se quiebran, las vigas del techo comienzan a caer. Uno busca desesperado el cuarto de los niños. Los oye llorar, pero no puede ver nada, y tropieza con sillas, muebles y escombros. No poder ver nada en esos momentos es horrible.
Supongamos que uno está metido dentro de un grave problema moral. Alguien le ha traído un chisme infame sobre su esposa o sobre su esposo. La duda ha cundido en el corazón. Su alma se debate en la incertidumbre. ¿Será cierto? ¿No será cierto? Uno se toma la cabeza y dice: «No puedo ver nada.»
O supongamos que uno ya está en su lecho de muerte. Ve acercarse el fin, y se da cuenta de que nunca arregló su vida con Dios y no sabe a dónde va. «No puedo ver nada», dice amargamente. Se da cuenta de que en la vida adquirió conocimientos y educación, hizo una carrera, tuvo una familia, y acumuló dinero y prestigio. Pero frente al más allá, «no puede ver nada».
Jesucristo es la luz del mundo. Él dijo: «El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida» (Juan 8:12).
Eran las últimas palabras que había grabado el piloto del Boeing 747 de Iberia, que había chocado con el avión de Avianca en el aeropuerto Barajas de Madrid. La densa niebla, y el deficiente sistema de luces de la pista, habían provocado la tremenda desgracia en la que murieron 196 personas.
«No puedo ver nada.» En su sencillez y brevedad, estas palabras siempre denotan un problema en ciernes o una desgracia que se precipita. No poder ver nada, cuando uno más necesita de una clara y buena visión, es preludio de muerte.
Supongamos que uno corre por un camino de montaña, con precipicios a los lados. De pronto lo envuelve una densa niebla. Si no puede ver nada, el peligro de muerte está en cada vuelta del camino.
Supongamos que uno está dentro de su casa y ocurre un temblor. Las luces se apagan, las paredes se quiebran, las vigas del techo comienzan a caer. Uno busca desesperado el cuarto de los niños. Los oye llorar, pero no puede ver nada, y tropieza con sillas, muebles y escombros. No poder ver nada en esos momentos es horrible.
Supongamos que uno está metido dentro de un grave problema moral. Alguien le ha traído un chisme infame sobre su esposa o sobre su esposo. La duda ha cundido en el corazón. Su alma se debate en la incertidumbre. ¿Será cierto? ¿No será cierto? Uno se toma la cabeza y dice: «No puedo ver nada.»
O supongamos que uno ya está en su lecho de muerte. Ve acercarse el fin, y se da cuenta de que nunca arregló su vida con Dios y no sabe a dónde va. «No puedo ver nada», dice amargamente. Se da cuenta de que en la vida adquirió conocimientos y educación, hizo una carrera, tuvo una familia, y acumuló dinero y prestigio. Pero frente al más allá, «no puede ver nada».
Jesucristo es la luz del mundo. Él dijo: «El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida» (Juan 8:12).
LA COLUMNA DE GUILLERMO GIACOSA . Argentina: día nacional del boludo

En una entrevista concedida años atrás a un medio local, me preguntaron cómo me definía. Mi respuesta sorprendió un poco al periodista, pero la reprodujo tal como la expresé: “Soy un humanista boludo”. Creo haber repetido esa misma frase, a la que no soy adicto, pero que refleja una realidad, en un antiguo programa de Jaime Bayly quien, naturalmente, la encontró no sé si apropiada, pero sí divertida.
Ahora soy yo el sorprendido pues el 27 de junio se celebró en Argentina el Día Nacional del Boludo. Mi día. Detesto, en realidad, esas fechas comerciales, sea por la madre, el padre, la abuela, el amigo, el periodista, la secretaria o el benemérito pollo a la brasa pero, en este caso, me regocijo pues es una forma original de reivindicar, con una intención que raya la ironía, a quienes no aspiran al poder, ni a pisarle los callos a nadie, ni a enriquecerse, ni a comerciar con estupefacientes, ni a estafar a incautos o violar a menores. Esos personajes son, somos, en un mundo donde transgredir, usurpar y burlar es casi la ley, los boludos. Se trata de la cara opuesta a la de los vivillos, los especuladores, los abusadores, los 'Genaros’, los 'José Enrique’ y toda la fauna de malos políticos, malos empresarios, malos periodistas y malas personas que, sin ser mayoría, alcanzan a amasar las mayores fortunas y, con ello, sienten haber adquirido patente para mirar por sobre el hombro a quienes no han tenido su viveza o su descaro.
Dice la BBC: “Que los boludos tengan su día es, para algunos, una burla al pueblo argentino y, para otros, la manera de aplaudir a una especie en peligro de extinción que los vivos se empeñan en destruir”. La campaña comenzó en el 2009, y fue creada por una agencia digital y por un grupo de diseñadores gráficos y bloggeros y, también, usuarios de Facebook.
Tiene la intención de cambiar la connotación de boludo como una palabra con un significado negativo y convertirla en una reivindicación para los ciudadanos que respetan las leyes, cumplen sus obligaciones, creen en una sociedad justa, se adhieren a las instituciones democráticas y piensan que cuidar el planeta es una obligación cuyo incumplimiento provocará males irremediables. Rechaza a quienes, haciendo gala de la viveza criolla, transgreden normas y sacan provecho de cuanta situación pueden, aun cuando perjudiquen a su ciudad, a su país o a la naturaleza.
La connotación de boludo encierra cierta ternura. El aparentemente descortés “qué hacés, boludo” es, en la mayoría de los casos, una frase cargada de afecto que solo se les prodiga a los amigos. Leo en la BBC que en Colombia se realizó una campaña similar sobre los 'zanahorias’ y que, en Venezuela, el escritor Uslar Pietri dijo que, en ese país, solo los pendejos pagaban impuestos, tenían ética y cumplían sus obligaciones, con lo que ennobleció el término hasta el punto que se organizó una manifestación que se llamó la 'Marcha de los Pendejos’. No sería mala idea hacer algo similar en Perú con la palabra adecuada y siempre que no coincida con el Día del Pollo a la Brasa.
Ahora soy yo el sorprendido pues el 27 de junio se celebró en Argentina el Día Nacional del Boludo. Mi día. Detesto, en realidad, esas fechas comerciales, sea por la madre, el padre, la abuela, el amigo, el periodista, la secretaria o el benemérito pollo a la brasa pero, en este caso, me regocijo pues es una forma original de reivindicar, con una intención que raya la ironía, a quienes no aspiran al poder, ni a pisarle los callos a nadie, ni a enriquecerse, ni a comerciar con estupefacientes, ni a estafar a incautos o violar a menores. Esos personajes son, somos, en un mundo donde transgredir, usurpar y burlar es casi la ley, los boludos. Se trata de la cara opuesta a la de los vivillos, los especuladores, los abusadores, los 'Genaros’, los 'José Enrique’ y toda la fauna de malos políticos, malos empresarios, malos periodistas y malas personas que, sin ser mayoría, alcanzan a amasar las mayores fortunas y, con ello, sienten haber adquirido patente para mirar por sobre el hombro a quienes no han tenido su viveza o su descaro.
Dice la BBC: “Que los boludos tengan su día es, para algunos, una burla al pueblo argentino y, para otros, la manera de aplaudir a una especie en peligro de extinción que los vivos se empeñan en destruir”. La campaña comenzó en el 2009, y fue creada por una agencia digital y por un grupo de diseñadores gráficos y bloggeros y, también, usuarios de Facebook.
Tiene la intención de cambiar la connotación de boludo como una palabra con un significado negativo y convertirla en una reivindicación para los ciudadanos que respetan las leyes, cumplen sus obligaciones, creen en una sociedad justa, se adhieren a las instituciones democráticas y piensan que cuidar el planeta es una obligación cuyo incumplimiento provocará males irremediables. Rechaza a quienes, haciendo gala de la viveza criolla, transgreden normas y sacan provecho de cuanta situación pueden, aun cuando perjudiquen a su ciudad, a su país o a la naturaleza.
La connotación de boludo encierra cierta ternura. El aparentemente descortés “qué hacés, boludo” es, en la mayoría de los casos, una frase cargada de afecto que solo se les prodiga a los amigos. Leo en la BBC que en Colombia se realizó una campaña similar sobre los 'zanahorias’ y que, en Venezuela, el escritor Uslar Pietri dijo que, en ese país, solo los pendejos pagaban impuestos, tenían ética y cumplían sus obligaciones, con lo que ennobleció el término hasta el punto que se organizó una manifestación que se llamó la 'Marcha de los Pendejos’. No sería mala idea hacer algo similar en Perú con la palabra adecuada y siempre que no coincida con el Día del Pollo a la Brasa.
EN CUALQUIER MOMENTO CON GABRIELA FRIAS, SIEMPRE ALGO CORTO PERO EFECTIVO
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