martes, 8 de junio de 2010

MENSAJE A LA CONCIENCIA - POR EL HERMANO PABLO


SEPARACIÓN ENTRE IGLESIA Y ESTADO
El juicio estaba llegando a su fin. Toda la evidencia pesaba en contra del acusado. La sentencia de muerte sin duda caería sobre Carlos Chambers. Había matado a una mujer de setenta años para robarle. Seguramente lo condenarían a la cámara de gas.

El fiscal, a fin de reafirmar su tesis, tuvo la ocurrencia de citar la Biblia: «Dios dice que el que derrama sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada.»

Ante esto el abogado defensor pidió que se anulara la sentencia, y el juez se vio obligado a conceder la petición. La ley dictaba que no se podía citar la Biblia para acusar a un hombre. Esto se debía a que en ese país había estricta separación entre Iglesia y Estado. Así que por referirse a la Biblia, el fiscal perdió su caso.

He aquí un caso interesante. Sucede en un país donde ocurren toda clase de argucias jurídicas extrañas, y se presta para una seria reflexión. Un asesino merece la pena de muerte. No debiera haber escape. Pero al citar la Biblia para condenarlo, se ponen en juego tretas jurídicas, y el hombre se salva.

Vale la pena preguntarnos: Al fin de cuentas, ¿en qué se basan las leyes humanas de todos los países del mundo para definir un delito? Si no puede citarse la Biblia en el juicio de un asesino, tampoco debe poder citarse para condenar a un adúltero, o a un mentiroso, o a un ladrón, o a quien sea culpable de cualquier delito.

Los Diez Mandamientos, que se encuentran en el Libro Sagrado, fijan y establecen la moral humana. Si no hubiera Biblia y no existiera ese Decálogo de Moisés, el hombre no tendría ley a la cual sujetarse. ¿Cuál sería el resultado? Se regiría sólo por la violencia y la fuerza. Su única ley sería su propio capricho personal.

En los días previos al diluvio universal, nadie obedecía a nadie. No había ley, no había moral, no había norma de vida. Regía sólo la violencia. Cada uno establecía su propia ley. Fue entonces que Dios envió el diluvio, para comenzar un nuevo pueblo.

Lo cierto es que aunque Dios jamás hubiera mandado a escribir sus mandamientos en tablas de piedra o en ninguna otra parte, el homicidio sería criminal, el adulterio sería inmoral, el robo sería ruin, y todo pecado sería maligno. Lo que no está escrito en tablas de piedra, está escrito en la conciencia humana. Y todos hemos violado la ley de la conciencia.

¿Habrá salvación para el pecador? Sí, la hay, con toda seguridad. Por eso dio su vida Jesucristo en la cruz del Calvario: para pagar el precio de nuestra redención. Podemos acudir a Él. Cristo murió por nuestra maldad. Por eso se llama Salvador. Rindámosle nuestra vida.

LA COLUMNA DE GUILLERMO GIACOSA : Argentina vs. La Cipu e ingleses transparentes


Argentina versus la CIPU. Argentina es hoy una de las víctimas preferidas de la CIPU (Central Invisible del Pensamiento Único), un organismo que existe sin existir institucionalmente y que, por un lado, responde a los intereses –tanto estructurales como coyunturales– del gran capital internacional y, por el otro, hace de los mal informados sus agentes más apasionados y menos beneficiados. La no observancia de las reglas de comportamiento económico que señala la doctrina neoliberal ha conducido a que Argentina comience a ser víctima de ataques cuyos fundamentos, por lo general, son endebles o malintencionados. No se cometen en Argentina más errores que en otros países, pero una cosa es hacerlo con ánimo inclusivo, como es el caso argentino, y otra con ánimo exclusivo, como se indica desde el FMI: es decir, o bien apuntando a la integración sudamericana o a la sujeción a los poderes tradicionales. Así entonces, en esa Argentina a la cual se le anuncian catástrofes que hasta ahora no ocurren, la recaudación fiscal de mayo fue la más alta de toda su historia, superando incluso los 10,000 millones de dólares. En esa Argentina crispada según la prensa, los festejos por el bicentenario transcurrieron en un clima de paz y sus vacaciones de Pascua batieron todos los récords de turismo interno. Otro dato: su crecimiento económico en el primer trimestre de 2010 fue de 6.4%, y la industria automotriz estableció el mejor comienzo de año de su historia.

Transparencia británica. La iniciativa del Gobierno británico, de publicar por primera vez todas las partidas de gasto público, es una medida que apunta a la cada vez más lejana transparencia de nuestros cada vez más opacos estados. Los documentos del Tesoro británico incluyen información de dónde procede el dinero, cuánto se gasta y en qué se utiliza. Todos esos apuntes están recopilados en una página del Tesoro de ese país llamada 'Coins’ (Sistema Combinado de Información On line). La base de datos contiene 24 millones de entradas y busca impulsar la transparencia de las finanzas públicas. El problema, según la BBC, es que el contenido de los archivos es muy complicado para el ciudadano medio. El diario The Guardian ya publicó un glosario para hacer más comprensible la información.
Los laboristas, ahora en la oposición, habían argumentado –para no publicar los datos– que estos serían indescifrables para la mayoría de las personas. El actual secretario del Tesoro ha defendido la medida pese a que algunos ministros expresaron su inquietud sobre la transparencia que acarrea, ya que expone cada decisión sobre el gasto que vayan a decidir.

Me pregunto si esta medida contribuirá realmente a la transparencia o terminará convirtiéndose en un nuevo saber humano que indica que toda transparencia real es solo una ficción. No está descaminada la objeción que afirma que cada gasto del Gobierno se constituirá en un burdel interminable de acusaciones y contraacusaciones.

EN CUALQUIER MOMENTO CON GABRIELA FRIAS, SIEMPRE ALGO CORTO PERO EFECTIVO


Iphone 4 saldrá al mercado el 24 de junio

martes, 1 de junio de 2010

La felicidad ja ja ja ja

Fue uno de esos días de trabajo fuerte en la mina, que por fin acabo, para lamentablemente empezar otro al día siguiente, y eso si, muy temprano. Luego de la cena, de regreso a mi habitación, con las ganas de echarme a dormir de corrido hasta que sean las 5 y media de la mañana del día siguiente, que es la hora en que nos levantamos para empezar un nuevo una nueva jornada laboral. Confieso que una de las cosas que me gustaba del trabajo era su comedor; y no porque esté construido y acabado a todo lujo, sino por la deliciosa comida que preparaban ahí, y las grandes porciones que nos servían. Por lo que me era imposible en aquella, luego de haber cenado como un rey, retornar a mi habitación y enseguida echarme a dormir; debía dejar que digiera la comida. Y la mejor manera de hacerlo era distrayéndome escribiendo un mail a mi familia, aprovechando también la relativa tranquilidad de la noche en el campamento minero. Cuando estaba a punto de escribir el email: escucho gritos, una discusión entre dos personas que no logro identificar de que lugar viene, solo oigo que discuten un hombre y una mujer. Y tiene que ser, de seguro, una pareja que están en ese intercambio de palabras que siempre terminan siendo desafortunadas; puede que por celos, dinero, la suegra-en el caso del varón-, que se yo. Insultos bastante hirientes de ambas partes -escucho -, y el lloriqueo de la voz femenina, como increpándole algo a su pareja. Al pasar los segundos y minutos noto que se incrementa el grado de discusión, y así no puedo concentrarme en escribir el email que había planeado hacer. Todo esto me parece tan fastidioso, y no solo porque el ruido no me dejar pensar que escribirle a mama y a papa, sino porque me preocupa lo que está sucediendo ahí en el lugar de discusión- que dicho sea de paso, no puede ser dentro del campamento, ya que a nadie de nosotros nos dejan ir a vivir allá con nuestras parejas- que apunta en terminar en una tragedia, pues en esas discusiones su escenario es un potencial ring de box. A pesar de todo, decido escribir el email a mi familia haciéndome la idea que no escucho nada. Me empeño en seguir con mi quehacer, pues quiero terminar esto antes que el sueño me gane y me quede a media escritura- aunque pienso que con semejantes gritos no me quedare dormido-. Hago todo por concentrarme, pero me sigue distrayendo y mortificando cada grito y cada palabra que se dicen uno al otro, y que son de grueso calibre a estas alturas. Quiero tranquilidad para poder hacer lo que tengo que hacer, aunque también quiero enterarme de lo que sucede, pues en mis manos podría estar evitar una desgracia entre esos dos desconocidos para mí- que actúan como unos desconocidos entre ellos por la forma en que se tratan. Salgo al pasadizo y me sorprende ver con que normalidad a muchos de los practicantes realizan sus actividades –aunque claro, ya no son del trabajo diario- , un par de ellos hablando por celular , unos escuchando música en su pequeño radio a pilas , dos chicos conversando en las afueras del pabellón , pese al frio de la hora y del lugar . Concluyo que a nadie le sorprende, le molesta, ni mucho menos le interesa lo que está sucediendo. Y probablemente me miran extrañados y, por que no, pensando que soy un chismoso por querer enterarme lo que sucede .Regreso a mi cuarto y los insultos no paran entre ellos; pienso que nadie es sordo, todos deben de saber lo que está ocurriendo, y quien más los del comedor para contármelo .Por lo que decido bajar ahí a tomarme un café caliente mientras me entero porque de esta discusión. Llego al comedor y los trabajadores, cocineros, mozos y demás personal esta viendo la televisión; todos juntos como una gran familia. No me atrevo a preguntarles que sucede, aunque se que ellos saben algo de esta tremenda discusión que si no fuera por la televisión y los videos de música que están viendo a todo volumen la escucharían con nitidez, y probablemente no los deje conversar. Pero a nadie le llama la atención los sonidos que se escuchan ahora; rompen vidrios, tazas, vasos y ojalas no estén rompiendo cabezas en este momento de tanta tensión. Cuando el personal de este lugar me mira, me parece que ellos me quieren contar que sucede para que yo también al igual que ellos no me inmute ante semejante escándalo que sucede. Pero al final no me dicen nada, me despachan mi café bastante caliente y me sonríen. Vuelvo a mi cuarto, estoy decidido a dormir, he dejado de lado el escribir el email, y quiero dejar de lado este fastidio por esta maldita pelea, aunque sigo pensando que esta pelea terminara en un asesinato, por lo que salgo otra vez al pasadizo. Nadie ahí dice nada, y pareciera que a todos mis colegas del trabajo les es igual cualquier desenlace para esta historia .De retorno a mi habitación mientras trato de dormir y no puedo hacerlo, llega mi compañero de habitación, quien había estado jugando Poker en otro lugar, y a el también le es indiferente todo este escándalo. Se sonríe al verme atento e impresionado de lo que está sucediendo. El se llama Ciro y es operador de una excavadora, es una gran persona, muy profesional en su trabajo y también muy perspicaz; se da cuenta que estoy con la curiosidad por saber que sucede ahí en esa discusión, y de que lugar viene. Me mira y vuelve a sonreírse. Se anima a contarme todo. Me dice bastante serio
- que son los vega, la pareja de profesores del colegio que hay en el campamento minero para los hijos de los trabajadores. Que sus peleas son continuas, y ya conocidas por todo el personal que labora aquí. Por lo que concluyo el por qué a nadie le llamaba la atención a semejante discusión. Ya que el agrega que- que esa parejas se pelan, pero no llegan a mayores- como si el hecho de golpearse e insultarse ya no sería lo peor que sucede entre ellos- pienso yo por dentro-.-Veras que a eso de la una y media de la madrugada con puntualidad dejaran de pelar- me dice mientras se queda dormido-. Son las 10 de la noche y no estoy dispuesto desvelarme 3 horas mas. Confió en lo que dice el buen Ciro y hago todos mis esfuerzos para quedarme dormido, y lo logro hacer. Me despierto la 1 de la mañana y Ciro sí que tiene razón.
La pelea ha terminado, y se siente un silencio único, a pesar que a esa hora empiezan a trabajar el personal de mantenimiento de la maquinaria pesada de la mina .Al día siguiente a las 6 de la mañana nos despertamos todos, con un frio único, nos bañamos y vamos a tomar desayuno. Cuando termino de desayunar me detengo a la salida del campamento para tomar aire y reposar la comida. Y veo pasar un “pick up” color rojo a mi costado, en ella va una pareja bastante acaramelada pues la copiloto va agarrando las mejillas al conductor mientras el se ríe. El desacelera un poco para besarla, para empalagarse más, y por que no, el hacerme sentir un poco de envidia sana al ver tanto amor entre ellos. Veo toda una escena propia del día de “San Valentín” en pleno mes de mayo y bajo el frio y la lluvia que está empezando aquí. El guardián del campamento me mira muy emocionado por la escena de amor que acaba de interpretar esa pareja y me dice con una sonrisa bastante cachacienta- que felices se les ve a los Vega. Esos profesores si que saben hacer una buena vida de matrimonio-. Me quede sorprendido mirando a el auto con ellos alejándose, y también se alejaba de mente la admiración que sentía por ellos.
pAnChO

EN CUALQUIER MOMENTO CON GABRIELA FRIAS, SIEMPRE ALGO CORTO PERO EFECTIVO


Mitad del año ya! Feliz martes. De regreso y con Wall Street operando con bajas.

LA COLUMNA DE GUILLERMO GIACOSA : Todo cambió y nada ha cambiado


Todo sigue siendo muy confuso. La crisis económica universal que padecemos tomó de sorpresa a muchos expertos y en la actualidad continúan circulando versiones contradictorias sobre el futuro. Creo que lo más sensato –como siempre que se quiere ser sensato– es decir la verdad y esta, por dolorosa que resulte, es que no se sabe qué va a ocurrir. Eso, por supuesto, lo podemos hacer quienes no tenemos compromisos con los grandes poderes económicos. Los que sí los tienen solo pueden seguir apostando a lucrar aún en medio de la crisis e, incluso, colaborando para agravarla, pues aquí prima el “sálvese quien pueda”. La crisis generada, entre otros factores, por el individualismo extremo, no ha modificado los comportamientos que la originaron a pesar de su gravedad y de lo evidente que son sus enseñanzas.

Uno escucha el mismo discurso monocorde de siempre como si nada hubiera ocurrido. La primitiva conducta de superar los obstáculos embistiéndolos y pidiendo más de lo mismo se parece al grito del masoquista rogando por un castigo. Ahora, dice el Wall Street Journal, los grandes bancos de Estados Unidos han bajado temporalmente sus niveles de deuda justo antes de los informes de los últimos cinco trimestres, con lo que hacen parecer que sus balances son menos riesgosos. Es decir que, al mejor estilo del quebrado banco Lehman Brothers, estos otros bancos maquillan las cifras que presentan públicamente para así defender sus negocios y sin tener en cuenta el riesgo de producir una nueva catástrofe. Según la Reserva Federal de Nueva York, 18 bancos llevan más de un año retocando sus cuentas y se pregunta si “¿acaso se está gestando un nuevo caso Lehman en el seno de Wall Street?”. No debemos olvidar que el endeudamiento excesivo de los bancos fue una de las causas que llevó a la crisis financiera global en 2008.

La triquiñuela de estos gigantes financieros consiste “en rebajar su endeudamiento justo antes de publicar sus cuentas. En concreto, las entidades citadas por la FED de Nueva York manipularon los niveles de deuda con los que financiaban la compra de valores, rebajándolos a una media del 42% al final de todos y cada uno de los últimos cinco trimestres, justo cuando tocaba el turno de presentar resultados. Luego, a medida que avanzaba el trimestre posterior, estos niveles de endeudamiento se iban incrementando. Esta práctica, aunque legal, puede ofrecer a los inversores una visión distorsionada del nivel de riesgo que las firmas financieras asumen la mayor parte del tiempo”.

Lo que uno no puede evitar preguntarse es cómo si antes los organismos supervisores no percibieron el tsunami que se estaba gestando, con qué elementos lo van a hacer ahora que los bancos ponen más cuidado en disimularlo. Además, después de lo vivido, ¿quién garantiza que quienes vigilan no tengan intereses particulares en los bancos que deben supervisar? En suma, estamos atrapados en un sistema que se defiende a sí mismo aunque para ello deba marchar hacia el abismo.

MENSAJE A LA CONCIENCIA - POR EL HERMANO PABLO


SESENTA SÁBANAS HACIA LA LIBERTAD
Se necesitó bastante paciencia hacer nudo tras nudo. También hizo falta paciencia para juntar habilidosamente tantas sábanas, sobre todo en ese lugar tan vigilado. Pero el hombre coleccionó sesenta sábanas e hizo ciento veinte nudos. Y deslizándose por esa cuerda de sábanas, bajó catorce pisos.

Una hora después de su hazaña, Ahmad Shelton, de veintiséis años de edad, llamó por teléfono al periódico «Los Ángeles Times» y dijo: «Gracias por las sábanas. Sirvieron para escaparme. Se las dejé a la policía.» Quién sabe cómo logró conseguirlas del periódico, pero ahora que había escapado, las devolvía.

Cuando lo arrestaron en la sección de investigación de robos y lo detuvieron en la Comisaría de policía de Los Ángeles, California, batió un récord mundial. Nunca nadie antes se había escapado de una cárcel anudando semejante cantidad de sábanas: ¡nada menos que sesenta! Así había descendido catorce pisos hasta poner los pies en el suelo.

Si bien precisó de sesenta sábanas para conseguir la libertad de aquella cárcel, ¿cuántas sábanas más habría necesitado Ahmad Shelton para lograr una libertad absoluta?

Para una libertad completa no habría necesitado sábanas, pero sí le habrían hecho falta por lo menos sesenta páginas de descargos escritos por un buen abogado. Habría necesitado sesenta días para pensar bien cómo responderles a los jueces cuando lo volvieran a arrestar, o sesenta mil dólares para contratar al mejor abogado posible, y sesenta años para pensar seriamente en los delitos de su vida.

Sin embargo, ni con todo eso habría encontrado aquel joven la verdadera libertad. Porque la libertad verdadera —libertad de vicios arraigados, libertad de remordimiento de conciencia y libertad de pecados—, sólo se encuentra en el perdón de Cristo.

Ahmad podría pasar sesenta años haciendo penitencia, o seiscientos años vagando como alma en pena, o convertido en un fantasma que habita en castillos medievales. Podría derramar sesenta litros de lágrimas, o flagelarse sesenta veces con sesenta escorpiones, pero con todo eso no lograría la libertad del delito del alma, que es el pecado.

Estar libre de una cárcel de piedra y de cemento, de celdas y de rejas, de guardias y de jueces, no garantiza la libertad. Podemos estar fuera de una cárcel y sin embargo ser los reos más presos del mundo. La cárcel más cerrada que existe es la del pecado. Y de ésa sólo Cristo nos libra. Sesenta sábanas darán libertad de alguna celda, pero sólo Cristo puede dar libertad del pecado. Él quiere ser nuestro Libertador.