Quise ser ejecutivo y termine huyendo
de comprar un maletín que no me iba a describir y /o mostrar en verdad quien soy.
Aunque parezca una frase de cliché y bastante tradicional y hasta hipócrita: “sé
que vale más la virtud que la riqueza”.
Nadie comprende porque pasan las cosas,
hasta que sabes que tu padre, que en mi caso esta allá arriba, en el cielo, me
ayudo una vez más, moviendo sus hilos con Dios, para que no cometa la locura de
comprar algo que no estaba del todo en buen estado, además que así estuviera
funcionado bien me hubiera hecho ver quien no era, más preciso: verme ridículo.
Estando en Lima un día al despertar sentí
que debía ser un ejecutivo, y no solo eso, sino que debía empezar a lucir como tal.
No quise nunca y hasta hoy no quiero entrar en política, y en el trabajo a
pesar que tengo un puesto de supervisión, es nada cercano a ser un hombre
importante.
Lo primero que se me ocurrió para
lucir como un ejecutivo fue comprar el famoso portafolio James Bond,
característico de un hombre importante, hombre de negocios o de gerente privado
o público. Como comprar uno nuevo resulta carísimo, por el hecho de ser de puro
cuero y bañado en charol, me incline por buscar un maletín de segunda mano y en
buen estado, que de seguro este a la venta en algún portal de la red. Entre
muchas opciones encontré uno que lucía muy bien, con precio era accesible, y lo
mejor de todo era que se encontraba en Lima.
Contacte a la vendedora, una joven
muchacha de clase media a alta que me explico del maletín, me envió un video, y
me termine enamorando aún más del maletín e imaginando ya que la gente en la
calle me vería al usarlo como un ejecutivo o CEO de una compañía transnacional.
Hicimos el trato de encontrarnos para recoger el maletín, ella vivía en uno de
los suburbios más exclusivos de Lima, a 2 horas y media en transporte público
de mi casa. Quería tanto ese maletín que acorde con ella encontramos el ultimo
martes a eso de la 11 de la mañana; y fue así llegue al lugar, gracias al Google
Maps, previa dirección que ella me envió, y ya parado frente de su casa, ella salió,
junto a una empelada, con el maletín en mano y después de un corto saludo abrió
el portafolios, me mostró sus compartimientos
,de elegantes acabados, mientras yo me ilusionaba con poner allí algunos libros,
documentos, agenda ,lapiceros y nada más. Todo pintaba bien, estaba a un paso
de tener la maleta deseada. Pero esa hermosa y soleada mañana tenía que verse ensombrecida
por la mala fortuna, cuando ella probaba el maletín, se quedó atracado, no abría,
parece la cerradura se malogro. Pensé que era una señal que papá me mandaba
para cuidar mi dinero y no adquiera aquel maletín; además que me lo imaginaba
diciéndome: “ya estás muy viejo para esas tonterías de jugar a las apariencias”.
Ella junto a su empleada hacían miles de esfuerzos para abrir el maletín, y a
pesar que ella logro abrirlo jugando con la combinación, yo invente, que como era
un obsequio para mi padre, un hombre ya mayor de edad, quizá se le iba ser
complicado el abrirlo en caso se quede cerrado. En ese momento ella me comento
que ese maletín fue de su padre, y su empelada agrego que lo utilizo el diplomático
que presto años servicios al país, y fue allí que asocie el apellido de ella
con un conocido ex funcionario. Le agradecí de corazón su amabilidad y paciencia
por haberme mostrado maletín y no lo compre ,más aun ahora que sabia había pertenecido a alguien con una carrera
extraordinaria el sector privado y público,
algo que yo no lo era y no estaba aún en
mis planes el hacerlo .Me retire convencido que había hecho lo correcto,
recordando el consejo que alguna vez me dio mi padre :”Nunca finjas ni aparentes
ser lo que no eres, al final todos se van a dar cuenta y van hablar a espaldas tuyas
,este mentiroso de mierda. Cuando buscaba, algo desubicado, la avenida
principal para tomar el bus de regreso a casa se me ocurrió preguntarle cómo
llegar allí a una señora que cruzaba la calle, ella me dijo que no estaba lejos,
que estábamos a dos cuadras, caminando de frente, que ella también iba para allá.
Yendo juntos, ya en confianza me pregunto: ¿viniste para una entrevista de trabajo?,
pues en esa zona también había edificios para oficinas. Le dije que sí. Fue cuando
ella agregó: ¿estás buscando trabajo como conserje?, ya que ella también lo hacía
de en un edificio exclusivo de la zona. Le respondí que sí, mientras por dentro
me moría de risa pues era evidente la contradicción que se producía en mi mente:
había venido para recoger un maletín que me hiciera ver como ejecutivo, pero me
terminan confundiendo con un aspirante a conserje; ojo que no esto disminuyendo
ningún oficio. Bueno, había que pagar las consecuencias de tremenda tontería
que hice al ir tan lejos por el maletín, para retornar a casa tuve que pagar un
ticket elevado de pasaje porque como ya era hora de almuerzo, y cuando estoy en
Lima casi siempre trato de almorzar con mamá, tenía que evitar me traigan por la
ruta con el tráfico interminable. En ese viaje de retorno a casa reflexione de
las tonterías que ya no debía hacer para mi edad.
Mire a la ventana, mientras estaba en
el bus, y lo único que se me ocurrió decir mentalmente fue: Papá, te quiero y
gracias por seguir enderezándome desde arriba y salvándome de cada casi metida
de pata.
pAnChItO.

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